Gioconda Belli
  • Managua, Nicaragua |
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Me he enterado de un caso que parece sacado de los cuentos de Charles Dickens:

Una señora que, aparentemente, se conecta ilegalmente a la electricidad cada vez que le cortan la luz, le ofreció 300 córdobas a un muchacho por hacerle la conexión ilegal.

El chico está haciendo el trabajito cuando pasa por allí su primo y se detiene a verlo y ayudarle. La Policía los sorprende y debido a que hay una nueva ley que califica como delito penable las conexiones ilegales, lleva preso por “robo de energía” tanto al joven que hacía la conexión, como al primo que acertó a pasar por allí.

En la indagación preliminar, se comprueba que la señora que dio a hacer el trabajo tiene una deuda de casi un millón de córdobas con Disnorte-Dissur. Sin embargo, y aquí viene la sorpresa que quizás usted ya imagine: mientras la señora es dejada en libertad, los dos muchachos tienen casi una semana de estar presos en las celdas de Auxilio Judicial de la Policía.

Ellos son Emerson González y Mycol E. Muñoz. Emerson es hijo de la mujer entregada y trabajadora que labora en mi casa de habitación. Esta madre de seis hijos no ha tenido un momento de respiro afanada desde el primer minuto en buscar abogado, y rogar a quien sea por la libertad del hijo que, por desgracia, estaba a mala hora en el lugar equivocado.

Obviamente que hay falta de quien accedió a realizar la conexión ilegal, pero del delito penable de “robo de energía” no es ni de Mycol ni Emerson. Son ellos, sin embargo, y sus familias, los que mayores perjuicios han sufrido no solo por la prisión que han padecido sino por los enormes gastos en que han incurrido sus familias de escasos recursos al contratar abogados y asumir los gastos de un proceso donde la indefensión puede significar la absurda pena de cinco años de cárcel.

En un mundo donde la justicia tuviera la venda en los ojos --símbolo de que la administra con igualdad para todos-- es la persona que actuó en menoscabo de la compañía eléctrica, quien debía asumir la responsabilidad de sus actos e interceder por la libertad de estos muchachos.

Pero en este caso, la justicia ha sido muy dura con los más pobres. Por esto no puedo dejar de alzar mi pluma: si hay clemencia para la persona responsable, debe haberla también para quienes solo le sirvieron de accesorio.