Francisco Javier Bautista Lara
  •   Managua, Nicaragua  |
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En 1932 ocupaba la jefatura de la Guardia el militar norteamericano Calvin Matthews, quien hablaba muy poco español. Se especulaba sobre su sucesor, si podría ser un nicaragüense de “valiosos méritos personales”; aunque no había noticia oficial, se mencionaba que el general Somoza era un candidato para desempeñar estas funciones (El Comercio, 12/11/1932).

Era presidente el general José María Moncada; los marines norteamericanos permanecían en el país desde 1926, mientras Sandino mantenía la resistencia armada, a pesar del pacto del Espino Negro (4/5/1927, Día de la Dignidad Nacional: Sandino se opuso a la entrega de las armas por Moncada), luchaba contra la ocupación extranjera y en contra de quienes calificó de “traidores y vende patria”.

Hace ochenta y dos años, el 15 de noviembre de 1932 (El Comercio, 16/11/1932), fue juramentado en la Loma de Tiscapa el nuevo jefe de la Guardia Nacional, el general Anastasio Somoza, “tomando posesión de su despacho”, gracias a la confianza de los norteamericanos. Ante la pregunta de cuál era el programa que pensaba desarrollar al frente del alto cargo que le habían confiado, expresó: “No quiero enunciar programas que tal vez no pueda cumplir, de lo que sí, debe estar seguro todo el mundo, es que trataré de hacerme digno de la confianza depositada y del general agrado con que, según he podido darme cuenta, ha sido recibida la noticia de mi nombramiento”. Moncada designó como jefe del Estado Mayor al coronel Julián C. Smith, quien ascendió a General de Brigada. Ese día, Somoza visitó al Dr. Juan Bautista Sacasa, uno de los promotores de su nombramiento, electo el 6 de noviembre sucesor de Moncada.

Henry Stimson, secretario de Estado de Estados Unidos, transmitió a Moncada, a través de su embajador en Managua, Matthew E. Hanna (15/11/1932), su “sincera gratificación” porque “las elecciones de noviembre 6 fueron llevadas a cabo de una manera ordenada y pacífica y bajo condiciones que, por la tercera y sucesiva vez, aseguró a los votantes de Nicaragua la libre, honesta e imparcial expresión...”. Fueron supervigiladas por el contraalmirante Woodward, quien informó a Washington los resultados: elección de Sacasa como presidente y del Congreso integrado por el Senado (15 liberales-8 conservadores) y la Cámara de Diputados (29 liberales-14 conservadores).

Electo Sacasa y designado Somoza, salió el general extranjero que tenía el mando y evidenciaba ser “ejército de ocupación”, lo que fue percibido por la oposición como que “se abría un capítulo de paz”, y se establecían “las bases de una paz duradera”. En el escenario nacional e internacional, político y militar, la resistencia sandinista perdía sentido, no se comprendían las banderas de su lucha.

Sandino, a pesar de su desconfianza, “creyó en esa oportunidad de paz”; fue asesinado a traición el 21 de febrero de 1934 por Somoza, con complicidad norteamericana a través del embajador Arthur Bliss, hace ochenta años. Durante cuarenta y cinco años, la dictadura somocista, con beneplácito estadounidense y libero-conservador, permaneció en el control político y militar, hasta que Somoza y la Guardia fueron derrocados (1979) por la Revolución Popular Sandinista, hace treinta y cinco años.