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Los medios de comunicación son considerados actores clave en las relaciones internacionales, ya que afectan directamente la conducta y manera de pensar de los individuos, convirtiéndose en un arma poderosa para quienes los tienen en su poder. En este nuevo contexto global en el cual las redes sociales son una herramienta clave de comunicación y medio de intercambio informativo, resulta lógico pensar que también juegan un papel muy importante que determina el crecimiento de los altos índices de participación ciudadana vía “on line”.

Estudiantes de la Universidad de Delaware en Estados Unidos, realizaron un estudio acerca del papel de los medios de comunicación social en la participación política. El estudio se construyó en torno a la cuestión de si, cuando la gente se involucra en la política “on line” al dar “me gusta” en la página de Facebook de un candidato, tuitear las opiniones sobre una plataforma política o firmar una petición virtual, tienen influencia en las funciones del gobierno, como forma de participación.

Este estudio concluyó, que las personas son más propensas a participar en las actividades políticas cuando las ven como una forma de comunicación, es decir, que sí provocan a la gente, ya sean de forma positiva o negativa y que, además, estimulan las acciones de los gobernantes. El problema es que la influencia aun es muy poca.

Veamos lo que pasó con la crisis de Venezuela en días pasados. Tras el estallido de las protestas en ese país, cientos fuimos informados por los mismos protagonistas. Actores de un lado y otro utilizaron las redes sociales como una herramienta para visualizar y exponer sus puntos de vista.

Vimos cómo Twitter y Facebook se saturaron de contenidos enmarcados dentro del panorama en Venezuela, en este sentido, tanto de oficialistas como de opositores venezolanos. Ambos bloques entregaron desde el enfoque de cada movimiento, detalles de la situación que atravesaban, hasta llegar a un punto en que competían con los medios de comunicación tradicionales.

Pero hay una realidad, ciento cuarenta caracteres y el uso de una etiqueta están generando un modelo que está lejos de ser información balanceada, debido a que se considera como un abastecimiento de noticias producido de manera personal, donde la información puede no contrastarse con otras fuentes.

Hay peligro, pero también, podría decirse que esta revolución en los nuevos medios de comunicación empieza a tener una función algo más que de comunicación: instrumentos de llamada o manifestación. Con ello, no hay duda, surge una nueva forma de participación social y política en el mundo que está logrando involucrar a mayores sectores de la población.