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La presidenta de Brasil, Dilma Rousseff, se presentará a las elecciones el próximo 5 de octubre con una considerable ventaja sobre el candidato que, según las encuestas, marcha en segundo lugar. El Instituto Brasileño de Opinión Pública y Estadísticas, Ibope, en un sondeo efectuado entre el 13 y el 15 de junio pasado, coincidiendo con el inicio del Mundial de Fútbol en el gigante

sudamericano, le otorgó a Rousseff 39% de las preferencias del electorado y 21% al senador Aecio Neves, candidato del Partido de la Social Democracia Brasileña. Más lejos, está el exgobernador de Pernambuco, Eduardo Campos, del Partido Socialista Brasileño, con 10%.

El sistema electoral brasileño es a dos vueltas. Si uno de los candidatos no obtiene el 50% más uno de los votos válidos, debe someterse a una segunda vuelta con el candidato del segundo lugar.

Indudablemente el estallido de las protestas callejeras desde 2013, en demanda de mejores servicios públicos y contra las millonarias inversiones en los estadios y la construcción de infraestructura para recibir los Juegos Olímpicos de 2016, debilitaron la imagen de popularidad de la mandataria; cayó cinco puntos en los últimos meses. Parece un contraste que en un país que ama el fútbol, y que construye y remodela sus parques para abrirse al mundo y disfrutar de ese deporte, grupos –algunos bien organizados– lideren protestas a veces violentas, para rechazar lo que ellos consideran gastos que mejor deberían haberse invertido en mejoras sociales.

Con toda seguridad las protestas se reanudarán ahora que ha finalizado el Mundial. También arrancará la campaña electoral. ¿Qué pasará ahora que Brasil no obtuvo la Copa Mundial? Las opiniones al respecto son variopintas. Hay quienes consideran que afectará directamente la campaña de Rousseff en detrimento de su reelección. Otros piensan que en absoluto, que una cosa es el deporte y otra la política. “Creo que el riesgo en esta elección sigue siendo la economía y no la Copa del Mundo", dijo Joao Augusto de Castro Neves, director de Eurasia Group, quien también manifestó que el impacto de la Copa en la reelección es reducido. La campaña de Dilma también entró en estado de alerta tras los resultados de la Copa: “No vamos a dejar quebrarnos, Brasil levántate y sacude el polvo”, dijo Rousseff.

El expresidente Lula ha reaparecido en las últimas semanas para ayudar a levantar la imagen de la presidenta Rousseff, incluso, haciendo comentarios jocosos en televisión. Confieso que desde muy joven me fascinó Brasil, por su fútbol, música, paisajes y su gente.

En marzo de 1990, llegó una oportunidad para conocer Brasil. Trabajaba para Radio Sandino y fui incluido en una delegación de periodistas que acompañamos al presidente Daniel Ortega a una gira de trabajo por algunos países sudamericanos. Patricio Alwin, en Chile, asumiría la presidencia y era el primer mandatario electo democráticamente tras el golpe militar de Augusto Pinochet, en septiembre de 1973. Después, el comandante Ortega y su comitiva volaría a Brasil para asistir a la toma de posesión del presidente Fernando Collor de Mello. No quería dejar pasar esta experiencia, porque significó mucho en lo personal y en lo profesional. Fue grandioso.

Brasil no alzó la Copa del Mundo, ¿Rousseff tiene asegurada la reelección? Es difícil separar una cosa de la otra aunque las protestas surgieron antes que Brasil se quedara sin el trofeo. ¿Será mejor entonces que no se presente a las elecciones? No, por supuesto que no. Las protestas estallaron por lo que reflejan los medios de comunicación, es más, la presidenta ha manifestado que los demandantes están en todo su derecho.

Un periódico limeño escribió sobre “la mutación de Dilma" de que la mandataria, reacia a aparecer en eventos públicos, ahora se le ha visto abrazando viejitos o besando niños; toda esta metamorfosis se debe a una sugerencia de Lula, precisaba el medio. Nos quedamos con las ganas de la sexta, ni modo. Brasil debe reivindicarse en Rusia 2018. Rousseff, por su lado, debe continuar en Planalto cuatro años más.