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Por acuerdo del 8 de enero de 1846, el gobierno del Director Supremo Manuel Pérez resolvió dar el nombre de Canal Napoleón de Nicaragua al magno proyecto interoceánico que, desde principios del siglo XIX, encarnaba el mito del progreso. Dos meses antes, el príncipe francés Napoleón Luis Bonaparte, había recibido del mismo gobierno plenos poderes para organizar una compañía en Europa. El artífice de esa concesión era Francisco Castellón, quien había visitado al príncipe en el castillo de Ham, donde se hallaba prisionero. Castellón ofreció a Francia la construcción de nuestra ruta canalera a cambio de que mediara a favor de Nicaragua contra Inglaterra.

Entonces los políticos, comerciantes e intelectuales del país creían en dicho proyecto como panacea colectiva o nacional. Durante la Federación Centroamericana (1824-1838) se consideraron varias iniciativas. La primera fue el alcalde de Granada Manuel Antonio de la Cerda, autor de un plano del proyecto, adquirido muy pronto por el sabio alemán Alexander Humbold. Otra fue la encomendada a John Baily, ingeniero inglés que exploró científicamente la ruta, dejando una “Memoir on the Lake of Granada, the river San Juan and the Isthmus between the lake an the Pacific Ocean, in the State of Nicaragua, Central America”.

Pero la primera iniciativa francesa fue la de Pedro Rohauh y Agustín Dumaytray –ambos residentes en el país– a través del Opúsculo sobre la República de Centro América y particularmente sobre los estados de Nicaragua y Costa Rica (París, Librería Americana, 1833). Dicho estudio planteaba la ejecución del proyecto que desde la época colonial, y especialmente a raíz de la independencia política de Centroamérica, se había concebido. Así, en 1826 –durante el congreso bolivariano de Panamá– el general belga Vernicer “se puso inmediatamente a buscar los medios necesarios para ejecutar el trazado de Nicaragua” –consignó el ingeniero francés Pablo Levy en sus Notas geográficas y económicas sobre la república de Nicaragua (1873). En esta misma obra, Levy refiere que en 1839, su compatriota Rohauh había ido a Europa, en misión oficial, para gestionar el proyecto canalero; pero que, como otros que le siguieron con el mismo fin, no había tenido éxito.

Desde luego, Levy tampoco ignoraba el otro proyecto francés: el del príncipe Napoleón Luis. En 1844 Francisco Castellón, enviado especial del gobierno de Nicaragua, le propuso la construcción del canal al rey de Francia Luis Felipe I, quien acababa de enviar al ingeniero Garella a Panamá y negó su concurso. En consecuencia, Castellón “se dirigió al príncipe Napoleón Luis Bonaparte, que manifestó mucho entusiasmo por la empresa, y concibió un proyecto que utilizaba los dos lagos por medio de la canalización suplementaria del río Tipitapa, y acababa en El Realejo”. Y añade Levy: “En 1846, el príncipe logró evadirse de la fortaleza, y casi inmediatamente dio a luz, en Londres, un folleto que hacía la exposición completa de la cuestión del canal en Nicaragua, y demostraba competentemente las inmensas ventajas económicas y financieras de la empresa, completándola con un vasto sistema de colonización”.

¿Su título? Canal of Nicaragua / or / A Project to connect the Athlantic and Pacific oceans by means of a canal, impreso por Mills & Sons en 1846, constando de 78 páginas, tres hojas de láminas y tres mapas. Pero en 1848, los acontecimientos políticos de Francia abrieron nuevos horizontes al príncipe Napoleón Luis, y renunció a su proyecto.

La traducción del folleto fue publicada en el Boletín Nicaragüense de Bibliografía y Documentación, núm. 131 (abril-junio, 2006), ofreciendo con muchos detalles del “vasto sistema de colonización europea” que planeaba el futuro Napoleón Tercero y que puede darnos una idea de la colonización china, implícitamente ligada al proyecto del Gran Canal Wang Jing de Nicaragua.