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En un fisurado contexto geoestratégico entre las tres superpotencias vigentes: Estados Unidos, Rusia y China, se llevó a cabo la sexta cumbre de los BRICS en Fortaleza, Brasil.

Dada su celebración en el continente americano y su histórica trascendencia, esta cumbre ha sido la más importante de todas, soterrando la caduca Doctrina Monroe en un ambiente de neo-multipolaridad.

El plano geoestratégico ha cambiado drásticamente en el mundo pos-Crimea, acentuando las tendencias de 2008, durante la guerra de Rusia contra Georgia, resumida en la secesión de Osetia del Sur y Abjasia.

A partir de ahí, se esbozó la primera línea roja del Kremlin en la fase de su relativa restauración por el presidente Vladimir Putin, quien ha jugado la carta de los hidrocarburos y los oleo-gasoductos como mecanismo disuasivo para impedir el fraccionamiento de los remanentes de Rusia, tras la disolución de la URSS y frenar a la irredenta tripleta, Estados Unidos-OTAN-Unión Europea en la periferia inmediata de Moscú.

China y Rusia han vuelto a mostrar su poderío militar, empujando al incipiente orden multipolar y paralelamente a la expansión del bloque de los BRICS que apunta a incorporar como nuevos miembros a Irán y Argentina. La inicial plataforma multipolar concatenada con el naciente mundo pos-Crimea de 2014.

El Grupo de Shanghái, como canon a la expansión oriental de la OTAN en la década de los 90 del siglo XX, sintetizó el mínimo vital del poder y la geografía de Rusia, soportando sus heridas después de la debacle geopolítica, cuando Moscú aguardaba la oportunidad propicia para detener la ofensiva fronteriza de Estados Unidos-OTAN-Unión Europea.

El mundo pos-Crimea ha acentuado la relativa recuperación del vital espacio geopolítico de Rusia en su periferia inmediata, reincorporando la estratégica península de Crimea, incrementando su preponderancia militar en el Mar Negro, desencadenando el acuerdo gasero histórico de Rusia con China y el surgimiento de la Unión Euroasiática con Bielorrusia y Kazajstán.

Por su posicionamiento militar, el mundo pos-Georgia simbolizó las tendencias iniciadas en la primavera de 2004, cuando Estados Unidos y sus aliados perdieron el control del petróleo de Irak, dando lugar al nuevo barómetro de la geo-economía planetaria con el irreversible inicio del alza del crudo, quintuplicado desde entonces a más de US$100 el barril, alcanzando los US$150.

La batalla mercantil se despliega en ambos océanos que circundan las costas de Estados Unidos, buscando controlar las dos terceras partes del comercio mundial mediante sus dos polémicos tratados:

 

1) La Asociación Transpacífica (TPP, por sus siglas en inglés), destinada a cercar a China, Brasil, al Mercosur y el ALBA.

2) La Asociación Trasatlántica de Comercio e Inversiones (TTIP, por sus siglas en inglés), mediante la cual Estados Unidos persigue atraer a la Unión Europea para que rompa sus vínculos energéticos con Rusia.

 

No todos los proyectos mercantilistas de Estados Unidos han tenido éxito, lo que se evidencia en sus recientes fracasos: el fenecido Plan Puebla-Panamá y a nivel regional, el ALCA.

Los líderes del BRICS, críticos a la hegemonía de Estados Unidos y Europa, anunciaron en Fortaleza la creación de una nueva arquitectura financiera, que contempla su propio Banco de Desarrollo con sede en Shanghái (China) y un millonario fondo de reservas.

Al crear esta nueva institución bancaria, buscan mayor independencia para financiar proyectos de infraestructura, para ellos mismos y otros países, paralelo a las grandes instituciones financieras internacionales.

Tal institución es considerada como un contrapeso al Banco Mundial y al Fondo Monetario Internacional, FMI, donde los miembros del BRICS no se sienten justamente representados.

La anárquica coyuntura actual y desmantelamiento unipolar afectan globalmente las fortalezas y debilidades de cada uno de los cinco miembros de los BRICS. Su sexta reunión en Fortaleza (Brasil) simboliza la aceleración propicia para encauzar el nuevo orden multipolar que asienta como nunca el singular momento histórico de Sudamérica como nuevo protagonista geopolítico.