Augusto Zamora R.*
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Latinoamérica pasó más de 300 años bajo dominio de España y Portugal. Una mayoría de países lleva, apenas, dos siglos de independencia. Centroamérica, 193 años. Es decir, la mayor parte de nuestra historia corresponde al período colonial.

Trescientos años son muchos años. En tan extensos espacios de tiempo ocurren demasiadas cosas. Hace 300 años no existía casi ninguno de los países que hoy forman Naciones Unidas. No existía nada de lo que hoy mueve el mundo, salvo los vientos.

Si nos retrotraemos 500 años, casi hablamos de otro planeta. No existía América como la conocemos hoy. Era un continente casi virgen, poco poblado, incomunicado entre sí.

Los aztecas no supieron de los incas. Los incas ignoraban la existencia de los chibchas. Los mayas no cruzaron el Caribe. Los patagones desconocían la Amazonia. Y así…

La irrupción española lo cambió todo para siempre. Dividió la historia del mundo en términos tan hondos, que la partió en dos mitades. Un antes y un después de la conquista y colonización de este continente infinito.

Entre 1502 y 1650, unos 18,000 barcos cruzaron el Atlántico, llevando y trayendo productos sin fin. Esa parte de nuestra historia nunca la cuentan completa. Visiones anacrónicas e ideologizadas ocultan lo más sustantivo del prolongado período colonial.

Y es que en ese período nacieron países, se formaron pueblos, surgió una nueva forma de ver, entender el mundo. Lo expresó Neruda: España se lo llevó todo y lo trajo todo…

 

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