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El presidente chino Xi Jinping vino a Latinoamérica para reunirse con líderes de varias naciones de nuestro continente.

Antes había estado en una cumbre de los países BRICS (Brasil, Rusia, India, China, Suráfrica), denominadas potencias emergentes.

Además, el mandatario chino se reunió con líderes de Unasur y algunos de la Celac. Ello seguramente generó suficiente eco entre los países del Sur y servirá para crear mayores alianzas comerciales, políticas, científicas.

Desde hace mucho tiempo, los gobernantes y estrategas chinos hacen lo mismo en el África y Europa: poco a poco llegan a esos países y comienzan a conquistar no por medio de la guerra. Primero cultura, luego comercio. Después, diplomacia, hasta que un día nos convirtamos en un Tíbet multiplicado.

La cuestión es que en poco tiempo veremos que ingenieros, comerciantes y empresarios chinos llegarán por miles a nuestros países. Ya están construyendo un gran ferrocarril en Venezuela. Se presume que si se construye el canal interoceánico por Nicaragua, los veremos por cientos en la tierra de Darío.

Pero en Occidente siguen pensando que el poderío estadounidense es infinito, y que China está en pañales. Y el asunto no es tan así.

Además de ser la segunda economía más grande del planeta con 9 trillones de dólares de PIB (la de EE.UU. es de 16.2 trillones); su PIB crece cada año a más del 7% (¡ninguna economía ha crecido sostenidamente tanto como la china!); tiene la mayor población del mundo, con 1 mil 700 millones de habitantes; tiene el ejército más grande, con 2.3 millones de soldados; es la cuarta potencia nuclear; es el mayor exportador y consumidor del orbe; la sexta potencia tecnológica; es el tercer país más extenso del planeta, con 9.6 millones de kilómetros cuadrados. Además, ya es un negociador multilateral —de perfil bajo— en crisis de alta gama: las Coreas, Siria, Irán. El mandarín, la lengua de la mayoría de su población, es la más hablada del mundo. ¡Esto solo puede ser intimidante!

En Occidente seguimos asumiendo que los valores judeo-greco-romanos continuarán prevaleciendo. Mas he creído que la no-globalización de la democracia en mucho se debe a que cuando esta idea se esparciera en 1989 (al caer el Muro de Berlín), el resurgimiento económico chino y el nacionalismo árabe se constituyeron en frenos culturales a ese logro.

¿Será probable que en el plano ideológico se divida el mundo en dos grandes campos (¡aunque existe la posibilidad de que los anarquistas-nacionalistas creen un tercero!): la democracia occidental de mercado libre versus la elito-cracia con mercado competitivo, pero regulado todo por el egoísta y torpe binomio del Estado-partido, imbuido de burocratismo-autoritario nacionalista?

El impulsor de este fenómeno es el Partido Comunista Chino, que hoy tiene seguidores en Vietnam, Bielorrusia, Nicaragua. Por ahí seguirán Cuba, Venezuela. Aunque la idea se gestó aisladamente con los regímenes autoritarios de la España de Franco, y los de Taiwán, Corea del Sur y Chile. Inteligentemente, estos últimos regímenes realizaron profundas reformas democráticas.

China, con Deng Xiao-Ping, soltó las riendas del mercado; pero nunca las del poder político. Hizo un híbrido tomando lo mejor del mercado libre y lo peor del autoritarismo: una dictadura de cariz constitucional.

Hoy el mayor socio comercial de Brasil es China. Para Argentina, es uno de sus mayores compradores, al igual que lo es para Perú, Chile, México.

En la reunión de Brasil estuvieron las naciones grandes de América Latina (salvo México, que no sabemos si lo invitaron o Washington no le permitió asistir). Además, estuvo Raúl Castro, quien antes se había abrazado con Putin en La Habana.

¿Qué estará pasando por la mente de los estrategas de Washington ahora que ven a rusos y chinos cruzar por su “patio trasero”?

¿Quién le advertirá a Obama que podría perder Latinoamérica, no por invasiones sino por omisiones? Mientras en la Casa Blanca tienen pesadillas con amenazas terroristas, sus vecinos del Sur comparten pan y futuro con las potencias adversarias.

Nos dimos cuenta de que lo que Rusia no logró apoyando guerrillas, los chinos lo conseguirían con comercio.

Marx propició la idea de la revolución sin pensar que, posteriormente, el capitalismo corregiría sus propias imperfecciones. La idea del comercio mundial de Hugo Groccio hoy sí prevalece absolutamente. Pero ¿por cuánto tiempo se sostendrá?

Los fundadores de los Estados Unidos tenían un plan para ser una gran nación. Pero ¿tenían un plan para cuando debieran enfrentarse a otras potencias, en iguales condiciones?

Cuando el filósofo alemán Oswald Spengler publicó, entre 1918-1923 su libro: “La Declinación del Oeste”, pocos le dieron crédito.