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Se dice que el mal posee cierto atractivo; despierta el interés de las masas y se hace anunciar a diario en las páginas de los periódicos. Con curiosidad y malicia todos ojeamos las noticias sensacionalistas. Chisme de alta sociedad: que tal artista tiene un romance, que tal fulano se divorció, que tal político vive en tales enredos.

Periodistas y locutores de televisión tienen cierta psicología popular: explotan la morbosidad del público que gusta hablar de vidas ajenas. En efecto, los medios de comunicación en Nicaragua nos bombardean a todo momento con asesinatos, atracos, violaciones, terrorismo y toda clase de crímenes.

La belleza y bondad de tantos hombres y mujeres que nos hacen sentir orgullosos de pertenecer a la raza humana. El sacrificio y amor de millones de padres y madres de familia no es noticia, pero lo es el divorcio de una estrella de cine.

Nuestra sociedad está dividida en dos grandes grupos: los que actúan y los que critican a los que actúan. La sociedad no camina por los que critican, sino por los que actúan. Criticar el mal exige que nosotros estemos libres de ese mal. Tenemos miedo, cuando no nos sentimos suficientemente limpios, porque pueden sacarnos también los trapos sucios. Tenemos miedo a hablar de frente. Hablar a espaldas de otro es señal de debilidad humana.

Los padres de familia, como primeros y principales educadores de sus hijos, son también los primeros en explicarles cómo usar los medios de comunicación y están llamados a formar a sus hijos “en el uso moderado, crítico, vigilante y prudente de tales medios de información” en el hogar.

Cuando los padres lo hacen bien y con continuidad, la vida familiar se enriquece mucho. Incluso a los niños pequeños se les puede dar importantes explicaciones.

Los medios de comunicación deben poseer un inmenso potencial positivo de sanos valores humanos y familiares, contribuyendo así a la renovación de una nueva sociedad, conscientes de su gran fuerza para moldear las ideas e influir en la conducta de las personas. Los agentes de comunicación social deben reconocer que no solo tiene la responsabilidad de brindar a las familias todo el estímulo y ayuda que sea posible, sino practicar la sabiduría, el buen juicio y la honradez, al presentar las cuestiones que atañen a la sexualidad, al matrimonio y la vida familiar.

Soy una persona, tengo padre y madre, hermanos y parientes. Vivo en una sociedad con muchas personas en compañía de animales y plantas, de todo lo que crece en la tierra.

Las personas hablan unas con otras; aprenden unas de otras. Unas necesitan a otras. Lo difícil se hace fácil cuando hay alguien a mi lado a quien pueda decirle: cuento contigo; te llevas bien conmigo. Escucho lo que me dices; pongo en ti mi confianza. Me ayudas constantemente a levantar mi ánimo y me infundes esperanza. En ti me quiero apoyar, confío en ti, creo en ti.