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Se equivocan quienes creen que con violencia pueden resolver algún problema en Nicaragua. En ningún lado la violencia ha sido solución; y aunque en ciertos momentos de la historia acciones violentas han marcado cambios de etapas, sacando a poblaciones de circunstancias difíciles, los costos humanos han sido muy altos y también las consecuencias posteriores en lo social y lo económico.

Nicaragua, que durante dos décadas fue escenario de conflictos violentos hasta que a principios de la década de 1990 se acordó la paz, ha seguido en los últimos 20 años un rumbo de progreso, mejorando poco a poco su democracia y desarrollando su economía, gracias a que dejó atrás la violencia.

Algunos europeos y estadounidenses que ahora vienen a Nicaragua se sorprenden de que este país, que hace dos décadas aún olía a pólvora, sea hoy uno de los más seguros de Centroamérica, razón por la que cada vez le visitan más turistas y hay más inversionistas interesados en traer aquí su dinero. Aunque la guerra dejó secuelas, se terminó imponiendo el entendimiento de las fuerzas sociales, económicas y políticas en favor de la pacificación y la búsqueda de reglas cívicas y democráticas para sacar a esta nación del atraso.

Una regla básica para que la sociedad mantenga relaciones armónicas y pueda echar adelante el país, es el respeto a los ideales y creencias de cada persona, en lo político y lo religioso, también un derecho elemental. Por eso es condenable, sin la menor duda, el asesinato de cinco simpatizantes del partido en el gobierno, el Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN), cuando retornaban a sus hogares después de participar en la celebración del día de la Revolución, el 19 de Julio.

Fue una masacre, que además dejó una veintena de heridos, perpetrada contra gente indefensa que se transportaba en buses. Es inconcebible que el motivo por el cual fueron atacados a balazos, de manera alevosa, haya sido su creencia política o su filiación partidaria, un derecho humano consignado en la Declaración Universal de 1948, igual que el derecho a la vida y la libertad.

La violencia solo sirve para destruir. Por eso, cualquier diferencia e imperfección del sistema democrático que se viene construyendo en el país, debe ser resuelta o superada mediante el debate de ideas, con diálogo y los aportes de todos los sectores que contribuyen con su trabajo al progreso de la nación. La violencia ya no puede tener cabida en Nicaragua.