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Parte de la estrategia norteamericana para este siglo, se puede determinar por la capacidad de los alcances de su política exterior y el nivel hegemónico en el Medio Oriente. Por un lado la CIA, financia, maneja y dirige a los grupos islámicos fundamentalistas, que más que desaparecer, reaparecen y se consolidan cada vez más en países como Afganistán y Pakistán. Estos grupos aunque son calificados por los EE.UU como terroristas, son la extensión del brazo armado del Pentágono en sus guerras inventadas en toda la región para mantenerlas de manera permanente y sin posibilidades de solución. Finalmente, las transnacionales mantienen las mejores relaciones económicas con las oligarquías y grupos élite de poder regional. La cobertura es completa.

El objetivo estratégico es desaparecer del mapa político a esos Estados y crear enormes supuestas confederaciones de nuevos pequeños feudos, que producto de sus aspiraciones tribales, su existencia dependerá del apoyo político, económico y militar de Occidente. Así es como grandes extensiones geográficas en forma de una sola unidad jurídica Estatal, sustituirán a tantos Estados que existen hoy ahí.

Sencillamente los árabes cayeron en la trampa a largo plazo, que las instituciones de poder Occidentales lideradas por las norteamericanas les prepararon. Estados que unidos pudieron enfrentarse a Occidente o por lo menos a Israel, hoy son Estados casi fallidos. Iraq, cada vez está peor, su novedad no es la paz, sino el Grupo Islámico y Levante, que continuará con la profundidad del enfrentamiento bélico. Libia no trasciende a términos democráticos, su situación militar interna es muy difícil. Egipto es un Estado sin capacidades más allá de sus fronteras, Siria, sigue siendo un infierno. Turquía, pronto verá nacer desde su territorio un nuevo Estado y otros como Qatar, Arabia Saudita, Kuwait no desean saber de ningún tipo de unidad árabe, pues sus monarquías se mantienen de los jugosos beneficios del petróleo y no de las aspiraciones de democracia moderna de sus pueblos. Irán sigue contra la espada y la pared en el marco de las negociaciones de su programa nuclear.

Por eso, hoy más que nunca Israel tiene la posibilidad de arrasar con los palestinos, avanzar con su expansión territorial. Nadie los puede detener. Prueba de lo anterior es la matanza indiscriminada del pueblo de Palestina por el gobierno sionista israelí en Gaza. Las fotos desgarradoras de decenas de niños muertos, mutilados llorando y pidiendo a gritos ayuda, con el mundo a su alrededor, destruido al lado de los cuerpos de sus padres ya sin vida. Padres y madres hundidos en el dolor y la impotencia de ver a bebés desbaratados por las explosiones y charnelas. Decenas de palestinos desnudos arrestados por las tropas israelíes. Las enormes explosiones, producto del fuego artillero del ejército israelí, que sin importar si son escuelas, hospitales o mezquitas son destruidos hasta los escombros.

Todo el mundo lo ve por los medios de información masiva mañana, tarde y noche. El repudio general crece y se manifiesta, pero aún no es suficiente. ¿Pero realmente qué se hace para contener la barbarie sionista?

¿Qué hace la ONU? La respuesta tiene dos caras. Primero, para los diplomáticos burócratas, “Se está buscando una salida a la crisis”. En este caso, sus aspiraciones son minúsculas “apenas quieren detener las hostilidades”. Con esos términos rebuscados engañan a los pueblos, el Secretario General de las Naciones Unidas y el Secretario de Estado John Kerry.

Para los que están siendo masacr dos, simplemente la ONU no hace nada. Si en más de 60 años la ONU, no ha podido hacer que Israel cumpla una sola de sus resoluciones y de garantizarle a Palestina convertirse en un Estado soberano, mucho menos ahora, que Israel es un Estado con capacidades nucleares.

No solo para el pueblo palestino, sino para el mundo entero, la guerra sionista ya ganó la batalla, mientras la ONU y la diplomacia desde hace años la perdieron. Es hora de su reinvención.