Bayardo Altamirano
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En el tercer mundo, la agricultura de subsistencia declina mientras la producción de cultivos de lujo para exportación se expande como nunca. El resultado es un alza en la oferta mundial de alimentos ligada a un aumento en el hambre mundial.

La expansión del agronegocio ha generado grandes problemas ecológicos al convertir la agricultura tradicional diversificada en una de cultivos especializados. Ruptura del ciclo de nutrientes del suelo, contaminación de la tierra y destrucción de los ecosistemas agrícolas. Males que no han quedado sin respuesta. Movimientos locales, nacionales y globales orientados a la agricultura sustentable, combatir el hambre, la agricultura familiar de pequeña escala y evitar la destrucción ecológica, han brotado de las bases populares en todas partes.

El proceso de concentración y centralización del capital está ocurriendo en la agricultura más tarde que en la industria. Los decenios recientes han sido testigos de un ritmo sorprendente de concentración de proveedores de insumos agrícolas, así como en el procesamiento, distribución y comercio al menudeo de alimentos.

La producción agrícola, incluso en Estados Unidos, sigue estando ‘desconcentrada’ en miles de granjas, muy lejos de una estructura oligopólica, pero los granjeros están sujetos cada vez más al control de las transnacionales que les proveen insumos y compran cosechas.

Los aspectos ambientales son centrales. Estudiar cómo se producen los alimentos y cómo llegan a la mesa son temas de interés para todos. Existen temores crecientes de la población sobre la contaminación de alimentos y sobre la inseguridad de los modificados genéticamente.

Otras preocupaciones son la concentración de la propiedad, la inseguridad de los trabajadores agrícolas que manejan pesticidas, la dependencia de recursos no renovables, las consecuencias ambientales del uso amplio de cultivos genéticamente modificados, la contaminación hídrica con pesticidas y fertilizantes, los bajos salarios y las malas condiciones de trabajo de los trabajadores en las fincas y el poco acceso de los pobres a los alimentos. Todos estos factores provocan pobreza y vida errante de los campesinos.

En la agricultura, las ventajas físicas del aumento de escala (uso más eficiente del trabajo y la maquinaria) han llegado a su tope. Las fincas de tamaño medio son tan eficientes como las grandes, ‘más industriales’. Sin embargo, las grandes pueden comprar más barato y vender a mejor precio.

Como efecto negativo del control monopólico creciente del sistema agro alimentario mundial en los países del Tercer Mundo ha habido esfuerzos contra el registro de la propiedad intelectual (patentes) de la información genética de las plantas. Es un atentado a la herencia común de los pueblos de la tierra y al producto cultural de las poblaciones nativas a lo largo de muchas generaciones. Signo de la arrogancia del capitalismo salvaje es el apropiamiento de dichas patentes.

Jugando a ser dioses se atribuyen la propiedad intelectual. Además hay que relatar las luchas en el Tercer Mundo contra los tratados comerciales y contra la OMC, que expone a los países a la fuerza del mercado, en el cual los poderosos ganan y los no poderosos pierden.