Augusto Zamora R.*
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Es una estrecha franja de tierra de 385 kilómetros cuadrados. Allí viven casi dos millones de palestinos. El más grande campo de concentración jamás construido.

Gaza está cercada por todas partes, menos por la costa. Los palestinos pueden pescar en un máximo de tres millas náuticas, aunque Israel aceptó, en 1994, veinte millas de pesca. Luego las redujo a punta de disparos. Guardacostas israelíes cierran Gaza por mar. Nadie puede entrar, nadie salir por esas aguas. Gaza no tiene puerto.

Desde hace tres semanas, Israel ataca nuevamente Gaza, desde la impunidad que le otorga el apoyo irrestricto de EE.UU. y la Unión Europea. Ninguno de estos países condena la barbarie, ninguno propone sanciones de ningún tipo.

Hay más de 1,700 muertos, 80% civiles. Entre ellos, más de 300 niños. Son 7,000 los heridos. 200,000 desplazados. Gaza es una ratonera donde esconderse es imposible.

Israel quiere acabar con Hamás, la organización palestina que obtuvo, en las últimas elecciones, el 70% de votos. No parece que Israel esté logrando su propósito.

Según cifras israelitas, su ejército ha sufrido un centenar de muertos. No informan de heridos, pero pueden quintuplicar esa cifra. Un número similar de bajas tendría Hamás.

Cuando Israel atacó Líbano, en 2006, la organización Hezbolá plantó cara. Israel sufrió casi tantas bajas como Hezbolá, además de perder un centenar largo de blindados.

La resistencia palestina está aprendiendo a combatir a Israel. No está lejos el tiempo en que aprenda a derrotarlo.

az.sinveniracuento@gmail.com