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“Me pasé días enteros buscando y publicando por todo Nicaragua alguien que en verdad estuviera certificado para inspeccionar grúas sobredimensionadas —me decía mi acaudalado amigo panameño—; pero al final solamente se aparecieron dos personas con unos formatos de una desaparecida empresa —recordaba amargamente—, y al preguntarles si estaban certificados, me dijeron que sí, pero que eran ‘casi-certificados’, por su gran conocimiento empírico; por lo cual no me quedó más remedio que mandar al día siguiente a traer en avión privado a Panamá a dos verdaderos técnicos acreditados, ya que en Corinto el ‘demoraje’ del barco era extremamente caro”.

Lo anterior narrado por este empresario refleja una realidad cotidiana en nuestro país, en la que el empirismo —el conocimiento únicamente basado en la experiencia—, sin conocer debidamente aspectos técnicos formales y rayano en una improvisación marcada, es el que más existe y se acepta normalmente en los diferentes campos del conocimiento.

Esta tendencia tiene un rango de acción ilimitado, desde aquellos cuya actuación puede ser inofensiva por las consecuencias, como los comentarios de un “torólogo” —especialista en toros, con énfasis en fiestas patronales—, hasta aquellos cuyas consecuencias de su afán aventurero —los más aventados— presumen de ser electricistas, mecánicos, radiólogos, médicos; cuyos errores, originados en la pura impericia técnica, frecuentemente dejan correntadas de lágrimas o elevados daños materiales a su paso.

No hace mucho un pariente cercano, ya resignado ante el supuesto diagnóstico terminal por un agresivo cáncer hepático, estaba ordenando sus asuntos de este mundo, cuando descubrió, a través de una oportuna segunda opinión, que su caso era solamente de hígado graso, pero el supuesto “técnico” ultrasonidista había incurrido en un grave diagnóstico por su empirismo, es decir, su conocimiento limitado solamente por su experiencia relativa acumulada, pero sin puntos de anclaje técnicos para discriminar situaciones que puedan ser aparentes o similares, sin molestarse un ápice en profundizar su formación: un purista del depurado arte del empirismo, llevando su “autoridad técnica” a niveles de vértigo.

El error acontece entonces cuando la situación presentada se aleja de la experiencia o de los referentes comparativos de eventos que aún no han aparecido en su horizonte de sucesos, siendo a veces verdaderas singularidades, en donde hacen falta necesariamente estudios para diagnosticar, prescribir o recomendar soluciones. El empírico busca con frecuencia patrones y escenarios fácilmente predecibles, razonables, lo cual es un error que lleva a una cadena de fallas.

Esto pasa también en las empresas. Se contrata personal para brindar asesoría profesional o técnica, típicamente empírico, con deficiente formación, sin certificaciones profesionales sólidas y verificables, graciosamente autoproclamados como graduados de “la universidad de la vida”, siendo meros chamanes administrativos, complacientes corifeos apasionados en mantener imperturbable el statu quo.

@carflom