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Consideramos oportuno que el sector privado de Nicaragua tome iniciativas para reducir las consecuencias de la prolongada falta de lluvia, en especial las que afectan el consumo de alimentos de un alto porcentaje de la población nicaragüense.

Una sequía, como la que padecen hoy Nicaragua y el resto de Centroamérica, tiene efectos en todos los ámbitos de la economía nacional, aunque a unos sectores les afecta más que a otros, o unos la padecen de inmediato y otros más tarde o poco a poco. El primer golpe ha sido para la ganadería y los cultivos de granos, productos esenciales en los hogares, y se calcula ya pérdidas mayores a 60% en la siembra de primera, cuya cosecha suele ser levantada en agosto.

Cuando llegan menos productos agrícolas al mercado, lo común es que ocurran alzas de precios, y es en estas circunstancias que el sector privado, en coordinación con las instituciones del Gobierno, puede ayudar mucho a los ciudadanos en general, si logra parar la especulación en el comercio haciendo las importaciones adecuadas de frijol, arroz o maíz, según las necesidades, y evitando a la vez que estas compras externas sirvan para hacerles competencia desleal a empresarios nicaragüenses.

La idea de que las cámaras empresariales y los ministros de Agricultura y Comercio de Centroamérica, compartan experiencias y sugerencias sobre cómo afrontar la sequía, es, además de oportuna, una manera nueva de dar respuestas integradas a problemas ambientales comunes de esta región con 40 millones de habitantes.

Otros problemas derivados del mismo fenómeno, que ya se avizoran, son la escasez de agua para consumo humano, por el agotamiento temporal de las fuentes subterráneas, y una menor generación de energía hidroeléctrica si bajan el nivel del lago de Apanás y el caudal de ríos donde hay plantas.

Algo importante, en este último caso, es que Nicaragua ha avanzado en la producción de energía eólica, alcanzando ya los 200 megas, un nivel superior al de la fuente hidroeléctrica, lo que atenuará las consecuencias de la sequía en el suministro de energía.

Como estos fenómenos son recurrentes, por el cambio climático mundial, Nicaragua requiere una estrategia de largo plazo. El Estado y los empresarios deben tener presente dos claves que se derivan de la actual sequía. Una, la importancia de seguir invirtiendo en parques eólicos y en la reforestación de las cuencas de lagos y ríos; y dos, considerar como una prioridad la búsqueda de fondos y condiciones para incentivar la instalación de suficientes sistemas de riego que permitan al sector agropecuario ser cada vez menos dependiente del comportamiento del invierno.