Augusto Zamora R.*
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El virus del Ébola, hasta hace poco circunscrito a un país africano, afecta a tres y amenaza Europa. Pasó con el virus del sida. Fue imposible contenerlo en África.

Los virus, una vez que afectan a una población, se propagan. Así ha sido desde el principio de los tiempos. Así seguirá ocurriendo, pese al desarrollo científico-técnico.

La supervivencia de la especie humana ha estado expuesta a infinitos desastres, entre ellos, en lugar destacado, las plagas. Los sobrevivientes desarrollaron inmunidades.

La peste negra, que asoló Europa en los siglos XII y XIII, provenía de China. Transmitida por ratones, estos subían a los barcos, desembarcaban en puertos y la propagaban.

Las epidemias de viruela y gripe siguieron igual y aterrador derrotero.

Un continente quedó a salvo de las plagas que asolaban de un extremo a otro el inmenso continente euro-asiático: el después llamado continente americano.

Aislado del resto del mundo por dos océanos y un área polar inaccesible, sus habitantes no tuvieron relación con los pueblos de los que, hace 40,000 años, se habían desgajado.

Pero el planeta es redondo, América sería encontrada. Llegaron los europeos, herederos de las poblaciones que habían sobrevivido a tres mil años de plagas y enfermedades.

La gripe fue, entre los indígenas, como el sida en África. Millones murieron sin más culpa que, por haber evolucionado separados, no generaron anticuerpos ni resistencia.

El Ébola llegará por último a nuestra aislada América. Que Dios nos agarre vacunados.

 

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