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La historia de Nicaragua ha estado marcada por el “paso codiciado”, por su privilegiada posición geográfica, el lago Cocibolca y sus ríos, que unen los océanos; desde Gil González (1523), Machuca y Calero –que exploraron El Desaguadero (1529)–, y Pedrarias estuvo el interés de España, sumado después al de Francia, Inglaterra, Alemania, Japón y Estados Unidos. Y ahora el de China, segunda potencia económica, y el de Rusia, superpotencia emergente. La historia nacional no se explica sin el “ansiado canal”, la presencia de Walker fue motivada por la “Ruta del tránsito”. Las intervenciones, condicionamientos y tratados no estuvieron ajenos a esta condición.

Ahora que el canal es un proyecto concreto y que el Estado ha otorgado la concesión a una empresa china (HKND-Group), vuelve a la agenda nacional e internacional generando grandes expectativas, desconfianzas y esperanzas; sin embargo, es un acontecimiento que cambiará la historia: la Nicaragua de antes del canal, la que conocemos, y la de después, serán distintas. La ruta 4 –de 6 iniciales– anunciada en Managua cruza 278 kilómetros del territorio nicaragüense (105 kms. s/Lago), sin utilizar el río San Juan; esta ruta que hubiese exigido un acuerdo binacional.

Una pregunta común es: “¿Se hará el canal?”. Pienso que: 1) si hay necesidad del comercio y la economía mundial para construirlo, 2) si esa necesidad no se resuelve de otra manera, 3) si existe interés de alguna potencia mundial o grupo económico beligerante en financiarlo, 4) si tiene factibilidad técnica-económica; se hará, ahora o más tarde. El Gobierno nicaragüense, ante esa necesidad, está obligado a aprovechar con inteligencia y cautela la oportunidad que se abre, deberá montarse en el requerimiento del desarrollo económico global (también de seguridad), minimizar riesgos y obtener mejores beneficios para el país, en condiciones sostenibles.

Negocio es negocio, quienes inviertan en el megaproyecto conocimiento, gestión, tecnología y dinero, sean Estados o corporaciones privadas, quieren ganar, obtener garantías de su inversión y el máximo beneficio, y esto es normal en el capitalismo contemporáneo. El sector privado nacional y regional buscará participar y beneficiarse, porque es una oportunidad de empleo que generará riqueza. Ojalá se distribuya con equidad para mejorar el desarrollo humano. ¿Cómo Nicaragua puede preservar sus intereses ante las perspectivas de utilidad económica de inversionistas y las pretensiones de potencias mundiales? He allí la pregunta en este estratégico asunto de naturaleza múltiple, que es económico y político.

“Si lo sueñas, es posible”, dice Disney. Los nicaragüenses hemos vivido soñando con el canal desde que tenemos memoria, y otra vez el sueño vuelve a quitarnos el sueño. Ojalá sea posible, apostemos a que sea realidad, con responsabilidad y confianza. Nos falta información, dinero y conocimiento, y otros necesariamente tendrán que diseñarlo y ponerlo en marcha. Siempre traer a otros implica riesgo, hay que ceder soberanía y otorgar garantías, porque nosotros no podremos construirlo solos. Aunque debemos minimizar peligros y mitigar daños potenciales (medioambientales, políticos, sociales, etc.) que, ineludiblemente, en un proyecto de esa magnitud, con la cantidad de recursos que demanda (US$40,000 millones: 3.6% del PIB de Nicaragua del año 2013) y la enorme movilización y empleo de personas (nacionales-extranjeros), siempre van a existir.

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