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Centenares de camiones rusos con ayuda humanitaria entraron en Ucrania sin permiso del Gobierno ucraniano. Acto controvertido, pero necesario, dado el boicot de las autoridades ucranias al paso del convoy. Política contra la población ruso-ucraniana.

Rusia y Ucrania son pueblos hermanos. Sus historias y territorios se confunden en la historia. Rusia se constituyó en gran potencia. Ucrania nunca pudo tener Estado propio.

Nikita Kruschev, ucraniano, decía que Rusia y Ucrania eran como marido y mujer. Leonid Brézhnev, último gran secretario general del Partido Comunista de la Unión Soviética, era ruso-ucraniano.

El suicidio de la Unión Soviética convirtió a Ucrania en país independiente, hecho que no cambiaba su realidad interna: más del 60% de ucranios eran rusos o ruso-hablantes.

Con la independencia se dispararon las cuestiones étnicas. Renacieron en el oeste de Ucrania grupos neofascistas. Se lanzaron políticas restrictivas contra los ruso-ucranianos.

La Unión Europea y la OTAN fomentaron los odios étnicos con un objetivo claro: hacer de Ucrania miembro del pacto militar mangoneado por EE.UU. Convertirla en lanza en las entrañas de Rusia.

La rebelión de los ruso-ucranianos era cuestión de tiempo. La OTAN calculó mal la reacción rusa. Crimea fue anexionada, las provincias del este se levantaron en armas.

La OTAN ha conseguido lo que mejor sabe hacer: sembrar odios. Yugoslavia e Irak son ejemplos.

De la crisis ucraniana destaca la moderación rusa. Si Rusia invadiera, no encontraría mayor resistencia. Ucrania sería dividida. Es lo que está en juego.

 

az.sinveniracuento@gmail.com

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