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Que 24 niños y jóvenes hayan sido rescatados de las calles de Granada, Nicaragua, y ahora estén aprendiendo oficios que les abren un futuro sano y más seguro, es una labor digna de elogio, pero sobre todo de ser imitada. Nos referimos a la escuela Nueva Vida, un programa social iniciado en enero de 2011 con el respaldo de donantes privados extranjeros.

Podríamos pensar que 24 beneficiarios es una cantidad pequeña, si consideramos que otros niños y jóvenes siguen deambulando, expuestos a vicios y a otros riesgos en esa ciudad colonial, que es uno de los principales destinos turísticos de este país. Sin embargo, lograr que esos 24 hayan dejado las calles y los vicios y adquirieran, poco a poco, la disciplina del aseo, el estudio y el trabajo, ha de ser un proceso difícil en el cual uno que otro deserta.

Y para los maestros habrá significado, sin duda, llenarse de una alta dosis de paciencia y de perseverancia. Según cuentan los docentes de Nueva Vida, algunos de los rescatados, quizás la mayoría, han llegado a ese albergue sin siquiera saber escribir su nombre, sin el hábito de la higiene personal y, por supuesto, sin haber tocado nunca una computadora.

Y el cambio que han experimentado es tal, que ahora cursan la educación primaria acelerada y reciben entrenamiento en computación, además de los oficios que aprenden mientras laboran. En esto consiste la clave de este programa social: enseñarles un oficio.

A un niño o joven que vive en la calle, que pide dinero o comida, se le puede dar alguna ayuda material y en ocasiones un albergue, pero esto jamás cambiará su vida, porque permanecerá en el círculo de la indigencia. Lo que sí lo sacará de ese foso oscuro es el aprendizaje de un oficio, la educación, con lo que podrá valerse por sí mismo y alzar vuelo en busca de un futuro mejor.

Desconocemos cuántos menores de edad andan a la deriva y expuestos en las calles de Granada y en el resto de Nicaragua, pero creemos que cada vez serían menos si en todo el país se lograra replicar programas como el de la escuela Nueva Vida, ubicada en el barrio grandino El Bolsón. Su éxito consiste en ser algo más que asistencia social. Es de inversión social, y prueba de ello es que, tres años después de funcionar, parte de su financiamiento proviene de la venta de muebles y piezas textiles elaboradas por sus alumnos, cada día más diestros en la carpintería y en la costurería.