Jorge Eduardo Arellano
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De las recientes elecciones municipales queda una lectura inmediata y real: el pueblo votó por el pueblo. En este sentido la contundencia de la victoria ha llevado a la exasperación a los adversarios del poder ciudadano, que son a la vez adversarios de la Reconciliación, de la Unidad, de la distribución equitativa de los bienes, del comercio justo para todos.

Esto ha traído como consecuencia las escaramuzas, las trifulcas a través de las cuales se demuestra la anti/democracia, la incivilidad, la intolerancia de estos personajes que se dicen “demócratas”, cuando en verdad sabemos que sus actitudes demuestran otra cosa. Esto implica una verdad: el FSLN, jugando en la cancha de ellos, con sus reglas (no olvidemos que las leyes electorales fueron redactadas siempre en contra del FSLN) ha obtenido una victoria irrevocable.

Hay entonces aquí que realizar al menos dos lecturas de este triunfo inobjetable:
1) Que el pueblo nicaragüense refrenda el proyecto del Gobierno de Reconciliación y Unidad Nacional, lo que implica estar de acuerdo con que se desarrollen políticas públicas que lleven la senda por un comercio más justo, así como por el involucramiento del pueblo en la toma de decisiones fundamentales para su bienestar: apoyo inmediato al sector social y humano, lo mismo que el estrechamiento de la cooperación Sur-Sur como un nuevo modelo de Relaciones, las cuales han traído como beneficio inmediato la finalización de los apagones, el mantenimiento del valor del pasaje del transporte colectivo, entre otros, esto sin detrimento de las relaciones ya establecidas.

2) Que se ha votado por la continuidad del cambio experimentado con el advenimiento del gobierno de Reconciliación y Unidad Nacional. Esto no lleva a hablar del cambio de modelo, de la vuelta de tuerca al paradigma implantado por el neoliberalismo. ¿En qué consiste y cómo se lleva a cabo este cambio de modelo o paradigma?
Esto implica una nueva visión del mundo, una nueva forma de enfrentar y entender la cosa pública y por lo tanto de ejercer el poder: un modelo al servicio de la población, un modelo transformador y beneficioso que redistribuye de forma justa no sólo los bienes materiales, sino los espirituales.

Entonces podemos decir que el Gobierno ha llevado los beneficios de la educación y salud a los pobres, y a su vez ha sostenido políticas económicas que no solamente traen consigo alto crecimiento, sino que también han hecho posible que el fruto de ese crecimiento sea compartido ampliamente. El éxito está en llevar salud, educación, viviendas, financiamiento, capacitaciones, así como infraestructura a los habitantes de los barrios de Managua y del resto de los departamentos del país, quienes durante los años de neoliberalismo jamás habían visto beneficios de la redistribución o de las llamadas inversiones.

Por ello es que el voto popular fue decisivo para respaldar el proyecto del Poder Ciudadano en el cual la gente se sabe, se siente partícipe, artífice y beneficiaria del mismo. Es decir, un modelo en el cual el pueblo experimenta la democracia directa y no se le restringe al mero hecho de votar, dicho de otra manera, la democracia en el modelo desarrollado por el FSLN es de todos los días, es diario, se ejerce a través del poder ciudadano en la comunidad, en los barrios, en los distritos, en los municipios, de ahí que los beneficios recibidos por el pueblo sean parte de la gestión del mismo ante el gobierno.

Concluimos entonces que el pueblo nicaragüense ha demostrado una vez más un alto criterio de sapiencia, y por lo tanto apostó en esta elecciones por la aniquilación de la colonialidad en nuestro país, del racismo, de la discriminación, de la violencia, del sufrimiento y, con el deseo de erradicar la dominación y la explotación constante a que lo habían sometido el neoliberalismo y el denominado consenso de Washington. Es decir, el pueblo nicaragüense ha dicho de una vez por todas que otro mundo es posible.

cmidenceni@yahoo.com