Jorge Eduardo Arellano
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El enorme fogón de la Anciana parecía estar humeando constantemente hasta la eternidad. La cocina apenas estaba separada del comedor por una vieja cortina por la que entraban suculentos platos servidos por ella misma. La mesa era presidida por Ernaldo, de frente a la cocina, de manera que en cuanto la Anciana asomaba su cabeza, era la señal para que Ernaldo le ofreciera un traguito de aguardiente, el cual siempre aceptaba a regañadientes, haciéndose la rogada, para al ingerirlo exclamar con un fingido gesto de desaprobación: «¡Chancho el que bebe guaro!». Invariablemente Ernaldo y los comensales celebraban la exclamación repitiéndola al levantar todos sus tragos y engullirlos con placer. Después la Anciana desaparecía por un buen rato, para reaparecer con un nuevo plato, ponerlo sobre la enorme mesa, y al retirarse buscar algo en los bolsillos de su delantal. Quizás ya estuvieran ahí los Bisturices Armónicos, autores y recopiladores de las canciones contenidas en dos L.P. que quedaron para la historia de los cantares nicaragüenses: «Son tus perjúmenes mujer» y «Eva de amor». Autores en el sentido de recreadores, de manera que los caminantes, a través de los recuerdos que afloraban de entre el humo del fogón de la Anciana, creían que era necesario y urgente que se volvieran a publicar en CD estos dos discos de Larga Duración. Los bisturices, ya lo sabemos, eran Wilfredo Álvarez, César Zepeda Monterrey y César Ramírez Fajardo. Wilfredo siempre fue el más bullicioso, con una risa estruendosa que invitaba al relajo. César Zepeda Monterrey, el único fallecido, era el predilecto de la Anciana por ser de Nandaime, de donde también ella era oriunda. Además, César Zepeda Monterrey tenía un aura paternal por alto y cara de bueno, que lo hacía parecer como el único formal entre sus compañeros.

“Puras mentiras que Chunchón fuera el más formal –dijo el de Managua– pues ninguno de ellos era formal. Lo que pasa es que no fue tan extrovertido como los otros dos, pero a la hora de cantar y guitarrear cuidado era más brioso. Talvez cuando estaba presente Pablo Antonio Cuadra le gustaba hacerse el santo. Es como el caso de Chale Mántica, el Señor Gobernador Tastuanes, que le gusta hacerse el serio cuando le conviene o según el entorno, y cualquiera diría que ni canta ni bebe, ni se sabe ninguna de las coplas vulgares, en el buen sentido, de muchos de nuestros Cantares Nicaragüenses de picardía e ingenio, que celebramos en un reciente CD que él se da el lujo de prologar y promocionar. Digo celebramos, ya que por su calidad merece una celebración. Porque los «Cantares Nicaragüenses», CD en el que el gallo más gallo es César Ramírez, secundado por Juan Solórzano, y una vez nada menos que por Norma Helena Gadea, y coros, músicos, chicheros en coplas y bombas del Diriá, requintos, teclados, violín, marimba, acordeón de Carlos Mejía Godoy, en fin, todo esto junto con un elenco de producción y dirección de primerísima calidad, es un CD cuya aparición hay que celebrar. Tiene trece canciones para escandalizar a mojigatos pues son, como decía, vulgares, es decir, que pertenecen al vulgo e históricamente han pasado de generaciones a generaciones. Algunas, como «El cerote», la aprendí en Chontales de boca del poeta Octavio Robleto. Picardías y dobles sentidos cantados y guitarreados en los corazones de nuestras montañas. No cabe duda de que otras, como «La Plasta», no serán para todos el postre adecuado, pero sí coincidiremos que en su totalidad son unos entremeses perfectos, quizás rociados de vino de nancite, cususa o guaro lija, con un pato o tan siquiera un pollo al tamarindo como los que hacía el Señor Gobernador Tastuanes. Precisamente, es Chale Mántica quien da la mejor explicación sobre el contenido de estos CANTARES NICARAGÜENSES, Picardía e Ingenio: «Con esta obra devolvemos al pueblo lo que pertenece al Pueblo: Cantares que el pueblo compuso, o preservó, y que llegan a nosotros transmitidos de boca en boca, de generación en generación, sin arreglos, orquestas ni partituras… Sus autores descansan en el anonimato aunque sus canciones hayan superado, en divulgación y permanencia, a muchos de los más grandes éxitos de la canción moderna.» No podían estar todas las canciones, de ese género, que conocemos, y nos alegra porque puede significar la posibilidad de otro CD que incluya Son tus perjúmenes mujer, Eva de Amor, La Simeona y las Coplas del pañuelito, para sólo mencionar algunas. Pero el contenido de este CD es inobjetable.”

De los bisturices que como parroquianos de Ernaldo y la Anciana habíamos mencionado, dejamos para el final a César Ramírez Farjardo, el galán de esta película o CD. Pediatra, se le sale la ternura y picardía por la piel. Como José Coronel Urtecho llevaba, él también lleva dentro un espíritu burlón, un duende o un ángel como antes se decía. La voz de vejete matrero que fingía hace años sacudiendo las maracas, en este CD se integra a su actual realidad. En el tiempo pareciera haber experimentado una metamorfosis que lo llevó al encuentro de sí mismo y al reencuentro con todos cuantos gustamos de nuestros cantares.

luisrochaurtecho@yahoo.com
Jueves, 20 de noviembre de 2008.