•   Managua, Nicaragua  |
  •  |
  •  |
  • elnuevodiario.com.ni

Juventud, divino tesoro, cuanta participación tenés en esta epidemia que nos agobia y angustia en estos días. Los titulares noticiosos recientes no han cesado de mencionar la participación de adolescentes y jóvenes en cuestiones de drogas, accidentes de tránsito y embarazos no deseados.

Se les acusa de irresponsabilidad y poco juicio por los errores cometidos. Muertes incluidas. Epidemia, visto desde el punto de vista de salud pública.

Analizarlo como se ha venido haciendo es empezar de atrás hacia adelante. Las consecuencias primero y no las causas.

Existen muchos responsables que tal situación se nos presente en la sociedad. La Familia, los encargados de la educación formal (centros educativos), los involucrados en la educación informal (organizaciones de diversas esferas: culturales, políticas, religiosas, gremiales, de recreación, etc.).

No eximimos de responsabilidad en el ciclo de esta epidemia a los actores directamente vinculados: los y las muchachas. Sin embargo, ellos son y actúan en base a lo que sus progenitores o tutores han hecho en sus primeros años de existencia. Comunidad incluida.

Otro peso y responsabilidad importante, la tienen los dueños de negocios de ocio y recreación, mal llamados así, pues ni recrean sanamente ni generan ocio, sino conductas inadecuadas, proclives a comportamientos no constructivos para una sociedad sana. Hablamos de discotecas, casinos, bares, y locales de reunión para eventos dizque sanos, como conciertos, coliseos de lucha (artes marciales mixtas, boxeo), entre otros.

El común denominador de todos es la pérdida de la razón y el juicio por consumo de sustancias alienantes, que los lleva posteriormente a ejecutar acciones reñidas con su salud física y mental y hasta la muerte.

Estadísticas brindadas en las últimas semanas por economistas responsables han relacionado la pobreza y morbimortalidad con los tres indicadores mencionados en el título de la presente reflexión. Mientras menos nivel de educación tiene una persona, más propensión a dichos indicadores tiene.

No quiere decir que solamente los pobres presentan estas características. Sería tan arriesgado aseverarlo como el de aceptar la teoría Malthusiana de la pobreza, es decir, que existe miseria y pobreza en el mundo porque hay muchos pobres. Y ¿Quién los produce? Las condiciones injustas del desorden mundial, donde unos pocos tienen demasiado y la mayoría no tienen nada.

Nos enfrentamos entonces a epidemias no conocidas en décadas no tan lejanas, producto de condiciones creadas por la misma especie humana. ¿Cuánta responsabilidad tiene en este proceso la publicidad y el marketing que empuja al consumo? licores, cervezas, cigarros, sexo, violencia y otros tantos detractores para el desarrollo de una sociedad sana.

Los prototipos de personas de éxito nunca han estado más equivocados que hoy y son los estímulos que ofrecen día a día a nuestras generaciones emergentes. No mencionan sin embargo, que dichos ejemplos tienen acceso a mucha información y a medios que les permite evitar tempranamente el fracaso.

Al menos hablando de lo material, pues los otros aspectos del desarrollo humano se les niega, además que no lo perciben como necesario. Urge definir políticas públicas orientadas al desarrollo integral de nuestros niños, jóvenes y adolescentes. Concebir la salud en ellos como un proceso integral, biopsicosocial, con valores y principios positivos, que les permita un futuro de felicidad, honestidad y dignidad. Como generación que pronto llega a su vida útil y basada en la premisa que para que nazca lo nuevo debe marcharse lo viejo, es lo menos que podemos heredarles.