Róger Mendieta Alfaro
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Era de preverse. A menos que el pueblo entero estuviese poseído por los demonios del olvido y del disparate, luego de la obsesionante decisión del presidente Chávez de publicitar el NO… habría resultado absurdo y contradictorio para el pueblo venezolano votar por el SÍ.

El votante del NO tuvo suficientes argumentos políticos, económicos y mentales para comprender por qué  y para qué votar. Como acostumbran decir los muchachos a la hora de los exámenes: Chávez tenía la piedra...

Después de mal disponerse con todo mundo. Hacerlo gratuitamente con cualquier país poderoso o no, que pudiera jugarle la sopa que tenía lista en el plato; y la insensata tozudez de recurrir a cierto lenguaje inusual en boca del mandatario, era lógico suponer que frente a esta actitud aventurera, supuestamente providencial y determinista a que lo lanzó su egolatría: considerarse imprescindible e inmortal… un pueblo que ha sido una decena de veces oprimido y albardeado, pero nunca tonto, sabía muy bien que el camino escabroso que enseñaba Chávez había sido pavimentado con amenazas y pobreza, lleno de bisutería política y social para votar por el NO.

El pueblo venezolano, que es más viejo que Chávez y tiene mayor experiencia que el engreído dictador, conoce muy bien –porque lo ha marcado la propia experiencia con otro cúmulo de dictadores-, que aunque haya mucha riqueza en el potencial recurso del petróleo, si no hay quien administre los bienes, la pobreza dentro de la riqueza seguirá campante en la sociedad venezolana: en nada beneficia la herencia y la riqueza recibida por un vago o un alborotador, los bienes recibidos; pues si no existe capacidad para generar más riqueza y falta la capacidad de administrarla, la riqueza es sólo deseo que se transforma en dilapidada fantasía.

Los problemas de los gobiernos en la mayoría de países del llamado tercero y cuarto mundo, no es un asunto de recursos naturales: si posee o no petróleo, tierras para café, ganado o lo que fuere, sino de la calidad y capacidad del gobierno y el sentido de  conducción del mismo; y por supuesto, es factor determinante la educación, desde la primaria y básica, hasta la universitaria y científica, que sea capaz y tenga voluntad  de lucha por insertar al estado, en esa lucha titánica y frontal del mundo globalizado, en  donde sólo tienen lugar el trabajo y la inteligencia.

Venezuela es un país rico, con suficientes millones de petro o eurodólares capaces de llevar a ese estado millonario del tercer mundo –aún en él por niveles de educación y  la agobiante miseria que se ve, respira y vive en sus barrios marginales-, a un estado del segundo o primer mundo, si la riqueza petrolera que posee, en vez de flotar en falsos  y alucinantes cuentos de Las mil y una Noches, que al final no sirven para nada, porque  el mundo ha cambiado y abandonó la cueva,  simplemente estuvieran al servicio para resolver los irritantes problemas que produce la pobreza, la creación de nueva riqueza y dar el salto al mundo del mercado y la competencia, poniendo el respectivo valor agregado a las materias primas.

Era de esperarse que el NO enarbolado por Chávez con sus políticas de amenazas y de  rechazo a todo lo que no fuera la voz del amo dentro de violentos palabrerío, haya  dado el resultado que el mismo Chávez estimuló en su subconsciente tiránico. Nadie que viva mal disponiéndose con todos los países, independientemente de la clase o tipo de gobierno que estos representen, puede llegar a disfrutar de una paz política y social estable.

A mi manera de ver, Chávez deberá terminar su periodo constitucional sin mayores  problemas. No es lógico que los tenga a menos que quiera dar coses contra el aguijón. En verdad, si es inteligente no debería tenerlos.   El rotundo NO del pueblo venezolano es un NO responsable, masticado, profundo que debe ser tomado muy en cuenta. Es una lección dada por ese pueblo que debe iluminar y hacer entender a cualquier dictador que se crea providencialista.