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Esta es la realidad internacional actual. No hay razones para nimiedades analíticas o eufemismos de los burócratas de la diplomacia global. Los altos costos invertidos en hacer de la ONU un procurador de la paz internacional, parecen estar en función de los agresores y no funcionará hasta que el mundo la reinvente.

Así surgió la Sociedad de las Naciones en 1918, al finalizar la I Guerra Mundial, pero fracasó en 1939, con la II Guerra Mundial. En 1945 crearon la ONU. Solo después de estas guerras con millones de muertos y países enteros destruidos y empobrecidos, es que ha surgido este tipo de organizaciones.

La mortandad de niños y mujeres que vemos a diario, causados por la barbarie sionista contra el pueblo palestino o el genocidio del fascismo ucraniano contra su propia gente, u otros tentáculos de Occidente en Libia, Siria e Iraq, merecen mayores acciones que imposibiliten la guerra global.

La violencia internacional ha tomado un rumbo altamente incierto y peligroso para toda la humanidad. Muchos centros de análisis internacional aseguran que para el 2030 o el 2040 las condiciones para la III Guerra Mundial estarán dadas. Lo anterior nos daría muchos chances para evitar ese apocalipsis. Pero también le daría chance a muchas potencias de armarse mejor para estar listas.

Entonces es un asunto de tiempo para la paz y la guerra. Será por esa incertidumbre, que en su penúltima visita a Nicaragua, el canciller ruso Sergey Lavrov dijo: “es tiempo de sincronizar los relojes”. De no coincidir con la frase anterior y el incremento desproporcionado de la violencia internacional, alguien podría sentirse lo suficientemente capaz para responder: ¿Cuándo será la próxima guerra? ¿Ya comenzó o aún no?

Para los pueblos víctimas de estos conflictos, las reglas del ceremonial diplomático y los grandes foros son inútiles. Los sobrevivientes quieren que sus muertos revivan y desean que sus casas y pertenencias vuelvan como estaban antes de que se les viniera el infierno encima. El que vea otra cosa no solo es miope, sino también inconsciente, cómplice e irracional.

Producto de la barbarie actual y el nivel de alerta sobre la coyuntura internacional, el mandatario nicaragüense Daniel Ortega, externó el clamor mundial sobre Benjamín Netanyahu, el nuevo Hitler de Israel como “alguien poseído por el demonio y al cual debía de exorcizarse”. Hasta ahora ningún presidente del planeta se ha expresado tan clara y contundentemente como Ortega. Ni siquiera aquellos de las grandes potencias.

Pero eso con toda seguridad hizo eco en la capacidad de retaliación sionista. Netanyahu ya la anotó y no cabe duda. Por eso, esa única expresión de hidalguía internacional como bandera de dignidad y humanismo está bajo amenaza inminente y hasta el último filamento de los que pensamos igual, cada eslabón institucional debe de estar en función de su protección.

Por lo anterior, presidente, mucho cuidado con el sionismo. El análisis preventivo estratégico de amenazas es muy complejo, pero práctico. Las organizaciones, Estados y líderes que lo implementan permanentemente logran la supervivencia. Fidel Castro sobrevivió a más de 450 atentados, pero otros sucumben ante las despiadadas acciones del adversario.

Debemos estar conscientes, que las acciones criminales del ejército hebreo de hoy son más diabólicas que la gendarmería que crucificó a Cristo y la plebe que lo cambió por Barrabás. Su brazo ejecutor en el extranjero no tiene límites fronterizos. Es complejo y muy efectivo.

Alrededor de 2000 palestinos han muerto, entre ellos más de 500 niños. La ganancia por ahora es la recuperación de más del 30% del territorio de Gaza y todos los que se le han opuesto en su camino al control total y absoluto, han sido eliminados de una u otra forma. Los ejemplos por desgracia son muchos y las amenazas son permanentes.

No hay ley internacional, ni orden. Solo hay acciones que a gritos nos avisan de la guerra mayor, que está por venir.