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El presidente de Estados Unidos visitó Talín, capital de Estonia. Su mensaje fue más de advertencia para los países Bálticos (Letonia, Lituania y Estonia), que para Rusia.

El jefe de la Casa Blanca argumentaba que, sabiendo Putin que hay poblaciones rusas en esas repúblicas, lo más probable es que estas estén en lista para ser invadidas por Rusia.

Además, agregó que "ellos ya habían perdido la libertad una vez y que en la OTAN, eso no sucedería”.

El mensaje del presidente norteamericano estaba más infundado en el temor que en la determinación de ponerle coto a la ofensiva rusa en Crimea. Más que eso, mi sospecha es que muy pocos Estados europeos están dispuestos a jugárselas por las pequeñas repúblicas Bálticas; y que estas, y agregando a Finlandia, podrían volver a caer en las manos de un nuevo Ras-putín que quiere resucitar a la Madre Rusia.

Por su parte, el secretario general de la OTAN, Anders Fogh Rasmussen, hace poco dijo que la OTAN dispondría de fuerzas especiales “que se desplazarán rápido y ligero, pero que atacarían duro”. Esta fuerza, de unos 4,500 hombres, se emplazaría en territorio ucraniano para frenar el expansionismo ruso.

No creo que estos soldados, por muy bien entrenados y armados que estén (aún con el respaldo de la OTAN), puedan contener al inmenso y fornido-nuclearmente Ejército ruso.

Evidencia: la cumbre de OTAN (Newport, Gales) produjo dos resultados para el presidente ucraniano Poroshenko: apoyo logístico y que los soldados europeos estén para disuadir.

¡Ajá! ¿Y qué va a contener a Putin? ¿Las sanciones comerciales y financieras desestabilizarán a la economía rusa?

Ya Irán, Corea del Norte y Libia han vivido situaciones similares. Y sobrevivieron, ¿por qué no lo haría Rusia, siendo la octava economía más poderosa del mundo?

En todo caso, si las sanciones se agudizan, los que sufrirían las consecuencias serían ciudadanos europeos. Y no creo que estén dispuestos a sufrir frío o pedalear bicicletas, si Moscú ordena cortarles gas o petróleo.

Ahora Vladímir Putin ondea dos banderas: una que propone un plan de paz con Ucrania y otra con la que hace gala de sus ‘stocks’ nucleares, recordándoles a sus enemigos que Rusia sí tiene armas poderosas.

¿Está hoy Putin en el mejor momento de su carrera? ¿Lo hemos ignorado en Occidente?

Es líder de una potencia gigantesca que ha sabido levantarse a empellones; tiene en vilo a todo el mundo; y ha hecho que Beijing y Washington le vean con preocupación y temor.

Pero la aprensión que naciones bálticas o Ucrania sientan, ciertamente, no es menor que la sentida por Polonia y Hungría. ¡Y hasta Alemania misma!

La crisis de Ucrania está escalando a niveles comparables al de 1962, la crisis de los misiles de octubre. Estuvimos al borde de una catástrofe nuclear. Los de entonces eran Kennedy (por EU) y Kruschev (por la entonces URSS).

Hoy preocupa saber que los contendientes son los mismos de entonces, las dos potencias nucleares más poderosas. ¿De qué sirve tanta negociación para reducir los armamentos nucleares, si a la hora de los conflictos, es lo primero que se esgrime?

La declaración del presidente Obama: “esto no es un reedición de la Guerra Fría, porque Rusia no tiene un bloque de aliados ni ideología alguna”, es válido. Pero no disminuye las probabilidades de la guerra, ni empequeñece el poderío ruso.

Europa y algunas exrepúblicas soviéticas –hoy libres e insertas en OTAN– están dispuestas a jugarse todo para no dejarse recapturar, por lo que hace algún tiempo dijimos, sería "La doctrina Putin" la que hoy reedita la Guerra Fría" para ser él un patriótico vencedor.

¡En verdad, ellos fueron los vencedores de la II Guerra Mundial!

Lo insensato de Putin es que quiere hacerse notar y valer por medio de la fuerza. Pero China, más inteligentemente, no desea desgastarse en conflictos. Y está alcanzando la cúspide del liderazgo, usando solo el mercado.

¿Pasará por la mente de Putin que puede desenterrar el capítulo vergonzoso de la desintegración de la Unión Soviética y rehacer ese episodio; ubicándose él como héroe en un libro inacabado de Tolstoi?

¿Se jugará Washington el pellejo por socios menores? ¿Quién saca la trucha del cuello del Oso pardo?

El presidente Obama (reviviendo también la historia, al igual que Putin) luce sereno, sensato y ecuánime; como lució John F. Kennedy al enfrentar la crisis de los misiles de octubre con Nikita Kruschev, que entonces regía en el Kremlin.

¿Qué prevalecerá en esta crisis que parece repetirse: la osadía de Putin o la serenidad de Obama?