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1902 marca el inicio del conocimiento de una enfermedad tan devastadora como el sida, ébola, SARS, HIN-1, y otras con igual nivel de letalidad: Alzheimer.

Más de un siglo de existencia y todavía permanece sin conocerse su causa y tratamiento. Impacto directo a enfermos, familiares y cuidadores. Repercusiones socioeconómicas que inciden en el desarrollo de cada nación, cuando se incluyen en las políticas sociales. Inadvertidas, si se ignoran, que es lo que sucede casi siempre.

Es considerada la Epidemia del Siglo XXI, y de los siguientes. Los factores de riesgo conocidos son: edad, el de mayor evidencia. Pasado los 65 años el riesgo se incrementa, para los casos de presentación tardía. La mayoría. Otros se presentan antes de los 50 o 55 años. Mínimos casos. Los antecedentes familiares se consideran también, sobre todo tratándose de padres y si su aparición fue temprana.

Los traumas craneales merecen atención, sobre todo los provocados por accidentes, boxeo, futbol americano y más recientemente las artes marciales mixtas. El bajo nivel intelectual incide, más cuando se ha descubierto recientemente el concepto de Plasticidad Neuronal, que es la capacidad de repuesta del cerebro ante diversas agresiones. Algo así como una pista con diferentes vías alternas cuando falla alguna. En eso contribuye el mayor nivel de escolaridad, el bilingüismo, entre otros, cuando se refiere al intelecto.

Para conocer un poco sobre los síntomas a tener presente para sospechar la enfermedad mencionaremos algunos: alteraciones de memoria, comportamiento y conducta; alteraciones del lenguaje; desorientación en tiempo, espacio y persona; cambios de humor frecuentes, que van de alegría intensa hasta depresión; pérdida de iniciativa y dificultad para hacer tareas sencillas, las llamadas actividades de la vida diaria (hacer un café, bañarse, seleccionar su ropa etc.).

¿Cómo diagnosticamos un paciente? Ante la sospecha, se deberá buscar ayuda médica. Los equipos de salud mental en las unidades públicas o los especialistas particulares (neurólogos, psiquiatras, internistas u otro médico entrenado). El diagnóstico es clínico, pero se complementa con estudios de imagen (resonancia magnética/tomografía computarizada) y con estudios moleculares o genéticos. Afortunadamente, tenemos en el país todos estos recursos, gratuitos o pagados.

Algunos datos conocidos sobre este mal son: el 9% de mayores de 65 años lo padecen a nivel mundial, es decir, 35 millones de habitantes, estimándose para el 2050 unos 104 millones. Se diagnostica un caso cada 4 segundos, algo así como 60 nuevos casos al terminar de leer este escrito. Entre 35 y 40 mil nicaragüenses lo padecen actualmente, afectando indirectamente a unos 200,000 habitantes en su entorno. C$4,524,000 es el costo estimado que costaría la atención desde su diagnóstico hasta el fallecimiento del paciente, 7 a 10 años promedio, incluyendo terapia farmacológica y no farmacológica.

El tratamiento en uso actualmente se divide en farmacológico (medicinas) y no farmacológicos (terapias alternativas), que se complementan entre sí. Algunos factores protectores a considerar: control de enfermedades crónicas y factores de riesgo como hipertensión, diabetes, colesterol, sobrepeso y obesidad, tabaquismo y alcoholismo, sedentarismo y poca actividad intelectual.

Evidencia de estudios reflejan que de cada 100 adultos mayores diagnosticados, 25 no parecen deterioro cognitivo y son considerados con vejez sana mentalmente, y 75 presenten algún grado de deterioro; de ellos, 50 tienen demencia clínica y de los 25 con menor grado de deterioro el 18% pasa a demencia cada año. Serían cinco de cada 25.

La enfermedad es un tsunami sanitario para una población que envejece aceleradamente, al extremo de que la perspectiva para los próximos decenios es que 1 de cada 2 ancianos, tendrá demencia.

Urge preparar desde ya las condiciones para las futuras generaciones. Afortunadamente, la ciencia y la tecnología avanzan. Las células madres seguramente darán giros extraordinarios para ofertar terapias novedosas y de más bajo costo que las actuales. Esperemos que así sea, si los humanos nos humanizamos un poco más cada vez.

Saludamos a las familias, cuidadores y pacientes, quienes estarán realizando actividades este 21 de septiembre, fecha que el mundo entero dedica las 24 horas a recordar a quienes ya no recuerdan.