Arturo Cárdenas Alvarado
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Las revoluciones no tienen derrotas definitivas, lo que en ocasiones sufren son reveses transitorios  que muchas veces se transforman en verdaderas victorias. Es lo que ha  pasado en la Venezuela bolivariana, en donde el Presidente Hugo Chávez, lejos de sufrir  una derrota, ha salido victorioso del referéndum realizado el pasado domingo 2 de  diciembre.

Previo a la consulta, la derecha venezolana desarrolló toda una campaña dirigida a  promover la abstención del sector del pueblo venezolano que adversa al Presidente  Chávez, argumentando que en Venezuela no hay libertad para el libre ejercicio de los  derechos políticos, que las instituciones del Estado venezolano supuestamente carecen  de credibilidad y que lo que en verdad se preparaba era un inmenso fraude para darle la  victoria al bloque del “SI”, tratando así de deslegitimar el proceso del referéndum.

No encontrando suficiente eco el llamado a la abstención y ante el empuje de las fuerzas   bolivarianas,  a la derecha venezolana no le quedó más remedio que enrumbarse en el  camino del referéndum, participando en el mismo con sus votos, para, finalmente,  alzarse con una victoria pírrica, cuyos verdaderos efectos y trascendencias, tanto  políticas, como jurídicas, son el reconocimiento expreso de los enemigos de la revolución bolivariana a la actual constitución venezolana, el reconocimiento al Consejo Nacional  Electoral, institución a la que apenas unos minutos antes de los resultados la derecha  acusaba de fraudulenta e ilegal y, lo que es aún más importante, legitiman y validan con su participación a un gobierno al que han acusado infundadamente de dictatorial y  despótico y no les ha quedado ahora más remedio que reconocer y legitimar, con la aceptación de su propia “ victoria “, que en Venezuela lo que existe es una democracia  auténtica y no una dictadura.
La verdadera victoria entonces es de Chávez y de la revolución bolivariana.  
   
Masaya
“Año Guevariano"