Jorge Eduardo Arellano
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Cuando votamos por Daniel Ortega en 2006 fue para darle una oportunidad de “gobernar en paz”, tal y como él nos lo pidió. Después del corrupto gobierno de Alemán y de la ineptitud del gobierno de Bolaños, esperábamos una dirección distinta para el país. Pero esa nueva dirección que esperábamos, no es este caos en el que nos han metido, que en definitiva no nos puede llevar a otro lugar que no sea al precipicio. Daniel ha demostrado cabalmente su total incapacidad para gobernar. Por otra parte, ha dado señales de ser un títere en las manos de su peculiar esposa, Rosario Murillo. Y al respecto digo, que tampoco los sandinistas votamos para que una señora sin ninguna trayectoria y a la que no conocemos, a no ser por sus famosos gustos excéntricos, nos gobernara según su capricho.

De dónde saca Daniel Ortega que los sandinistas queremos vivir bajo un gobierno autoritario que no permite ningún diálogo u oposición. Por qué no es capaz de conducirnos en un debate digno con nuestros adversarios, sino que al contrario, nos lanza a la calle armados de palos, piedras y morteros como si fuéramos incapaces de establecer un diálogo con quienes se nos oponen. Qué clase de sandinismo cree Daniel que está construyendo. Dentro de poco ni nosotros mismos, ni nuestros hijos vamos a recordar lo que significa ser verdaderamente sandinista. Por qué quiere que el mundo nos identifique con comportamientos violentos y disparatados. ¿Hacia dónde nos está conduciendo?

Reconocemos y aceptamos como sandinistas el liderazgo de Daniel, pero de igual forma nos corresponde reclamarle por su actuación irrespetuosa hacia quienes hemos creído en él. Muchos no podemos comprender su separación de otros líderes sandinistas reconocidos, como Nicho Marenco, así como las severas reprimendas a otros compañeros, por plantear sus puntos de vista frente a medios de comunicación. ¿Acaso quiere que le tengamos miedo en lugar de respeto? Tenga cuidado comandante, pero tal vez ya seamos menos del 38%.

Le pido y le exijo respeto como militante, en nombre mío y de muchos otros compañeros que no pueden hacerlo porque ya tienen miedo de perder su puesto en algún ministerio, si disienten o se niegan a participar de las manifestaciones rotonderas. No pierda, ni desperdicie esta oportunidad que le hemos dado. Demuéstreme a mí y a toda Nicaragua que no nos equivocamos cuando le dimos nuestro voto.