Jorge Eduardo Arellano
  • |
  • |
  • END

Mucho antes de las elecciones de noviembre de 2006, se alertó que si Daniel Ortega alcanzaba el poder, las esperanzas de emerger como nación serían indefinidamente pospuestas, perderíamos lo que se había logrado, y sufriríamos la inestabilidad que acarrearía su amistad con gobiernos y grupos opuestos a la democracia. Dicho y hecho.

Ortega en el poder no hubiera sido posible sin la colaboración de la cúpula del PLC, al concederle que pudiera ganar las elecciones en primera vuelta. Ya no digamos la decepción provocada en los nicaragüenses por Arnoldo Alemán y allegados, con el manejo de fondos públicos, según se denunció y detallan expedientes judiciales; o que se repartiera el Estado con Ortega, y boicotearan el gobierno de Enrique Bolaños, llevando el país al borde del colapso.

Los caudillos establecieron un acuerdo de mutua protección, y alguno de los dos -a cualquier costo- debe controlar el poder. La seguridad de los caudillos se deriva de su poder.

El turno le correspondía a Ortega, que no soportaría una cuarta derrota y que salvaba a Alemán de la cárcel. Los chivos expiatorios del PLC serían sus candidatos, Alemán se sacudiría del ambicioso binomio Rizo-Alvarado y haría su regreso vociferando contra el FSLN, para hacer menos evidente la patética escena.

Esto lo vimos con claridad al menos el 30% de los votantes en 2006. Pero el 68% prefirió las fantasías de Ortega o Alemán. Desde entonces Ortega y Alemán recorren el camino previsto. Solamente los inconscientes o los oportunistas pudieron creer o esperar otra cosa. Y así llegamos al día de hoy, con una situación conocida por todos.

Contra pronóstico Eduardo Montealegre encabeza la oposición a Ortega. Pagó caro llevar consigo al inicio a connotados arnoldistas, de los que después se deshizo. Hasta hoy ha logrado burlar las trampas del pacto, en un delicado juego que ha involucrado a Alemán.

El caudillo del PLC apostó llevar de la mano a EM al matadero. En cambio, EM lo ha colocado en una posición extremadamente difícil. En realidad EM tiene “los pelos de la mula en la mano”: Ortega a la defensiva y exhibido ante el mundo, y Alemán colgando de un hilo, dependiendo si EM decide acabar con el juego y denunciar su amarre en el fraude.

Si EM ganara las elecciones, el rol de Alemán en el PLC quedaría muy mal, y debería olvidarse del sueño de ser el próximo candidato presidencial. Ortega tendría que enfrentar a EM, un rival que arrebataría sus aspiraciones de continuismo. El factor de unidad para el 62% no sandinista tendría el camino despejado. Sobraría la ayuda a EM para hacer una gestión ejemplar desde la Alcaldía, constituyéndose en un bastión de la democracia.

En resumen: el pacto es el enemigo de Nicaragua, y hoy las circunstancias han hecho de EM la llave para desmontarlo.

Sabemos que si el CSE rectifica o anula el resultado de las elecciones, sería admitir que intentaron hacer fraude, o que son ineficientes. Muy grave para ellos cualquiera de las dos.

Si los caudillos ceden demostrarían que no aguantan una semana de protestas, y entonces habría que seguir protestando por otras cosas. Y EM crecería aún más.

Pero esto los caudillos también lo saben. Han caído en una trampa formidable, y están desesperados.

Por eso EM tiene la oportunidad de salir ganando, aunque se roben las elecciones, en tanto continúe enfrentándolos y logrando que se exhiban. Claro, si EM acepta, o da la impresión de aceptar la más mínima negociación, por las razones que sean, incluyendo una supuesta “paz”, Nicaragua sufriría la venganza del pacto.

Además, EM se enterraría como político, y con toda razón sería despreciado. No tiene opción decente más que resistir hasta el final, el que sea. Por eso hay que apoyarlo en este esfuerzo.

Por lo pronto, aunque el pacto no revierta los resultados electorales, se han logrado importantes avances:
1.- La población ha perdido el miedo, y protesta. La estrategia del terror no le ha dado al FSLN los resultados esperados. Quizás arremetan con mayor fuerza, o recurran a otras artimañas.

2.- La reacción popular no la calcularon ni Ortega ni Alemán. La posibilidad de reformas continuistas se les puede complicar. Es vital no conceder al pacto ni un solo milímetro.

3.- Ortega ha sido descubierto ante la comunidad internacional, y tendrá sus consecuencias.

4.- Los “ingenuos” ven ahora la verdadera cara del pacto. Saltan (al fin) los empresarios…
5.- La Iglesia también decidió pronunciarse.

6.- Unas elecciones sin legitimidad abren la puerta para otras opciones.

7.- Los nicaragüenses en el exterior, dispersos por mil sinrazones, empiezan a unirse.

Levantar Nicaragua de la obligada postración a la que la han sometido, requiere de un proceso a largo plazo. En realidad Nicaragua sufre una herida abierta desde la década de los años 80: 50 mil muertos, un espectacular robo de más de 11 mil millones de dólares, una economía lanzada al nivel de los años 40, emigración de al menos 20% de la población, una profunda crisis de valores, y la ausencia de liderazgo solvente. Todo para estar mil veces peor que en 1978.

Padecemos una herida infectada. Mientras no sane, impedirá salir adelante. Y el arribismo politiquero es la terrible plaga que vive en la herida y se alimenta de ella.

Quienes hemos vivido en Nicaragua después de 1990 sabemos lo que es tener al orteguismo en la oposición, “gobernando desde abajo”, en contubernio con los corruptos.

Sanar la herida no es hacernos la idea de que no existe. Es abrirla para limpiarla. Y no se puede avanzar con caudillos en medio del camino, ni con el circo que los acompaña.

En Nicaragua las olas se agitan con resultados impredecibles. Mientras tanto EM merece todo el apoyo. Por lo pronto tiene los pelos de la mula en la mano.