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Para inicio de los años 80, el gobierno norteamericano enfrentaba varios escenarios donde su política exterior estaba enmarcada en el uso de fuerzas militares irregulares, en función de desestabilizar regímenes “Comunistas” como en Nicaragua, Angola y Afganistán. Los contras, la Unita y los dushmanes dirigidos por Al-Qaeda, respectivamente. Estos eran su brazo desestabilizador.

Estas fuerzas alcanzaron un nivel combativo que en menor tiempo debían lograr sus fines desestabilizadores, que las clásicas guerrillas de izquierda conocidas hasta ese momento. La CIA fue la encargada de dirigir a todas estas fuerzas.

La vinculación de la Central de Inteligencia está más que documentada en las memorias de sus propios oficiales operativos. Milt Bearden, en su obra “Main Enemy”, explica cómo desde Pakistán se dirigía la guerra contra los soviéticos. Con la ayuda de Arabia Saudita y Pakistán convirtieron a Al-Qaeda en una fuerza fundamentalista anti-soviética y con tremendos resultados. Estos llevaron a los talibanes al poder.

El derrumbe soviético dejó un vacío para el Complejo Militar Industrial norteamericano, que la invasión de Irak a Kuwait vino en menor nivel a satisfacer. “Se dice”, que cuando en 1991 los EE.UU. forjaron una alianza internacional contra Irak, los Al-Qaeda se rebelaron contra los norteamericanos, convirtiéndose en enemigos mortales. Llevando la guerra a los EE.UU. con el ataque terrorista del 9/11.

Los Al-Qaeda se trasladaron a la parte musulmana de la ex Yugoslavia, apoyando su cercenamiento territorial. Apoyaron al ELK en Kosovo, también en Chechenia, Libia, Siria e Irak. A pesar de haberse ejecutado a su líder Osama Bin Laden, su presencia está hasta en Ucrania hoy día. Prácticamente adquirieron la bandera del internacionalismo árabe fundamentalista.

Con trece años de presencia militar norteamericana en Afganistán y diez en Irak, Al-Qaeda aparece proliferada en el radar del terrorismo internacional. Otros grupos como ISIS, al norte de Irak, han obtenido tanta fuerza militar y capacidad desestabilizadora a nivel regional, que se podría pensar que la guerra contra el terrorismo no ha dado sus frutos.

Cuando en la CIA, se fundó el Centro Antiterrorista en 1985, toda la experiencia de dirección de fuerzas irregulares aprendida por Duane Clarridge (quien dirigió las operaciones de la CIA con o sin el FDN contra el gobierno sandinista hasta 1984) fueron puestas en función de proyectos globales a futuro de la política norteamericana.

Por eso, el 9/11 no tomó por sorpresa a la comunidad de inteligencia norteamericana, pero sí al mundo entero. Nadie podría dimensionar qué ocurriría en el mundo trece años después.

Hoy día, el modelo asimilado y remodelado en los 80 y 90 sigue siendo una herramienta eficaz en su política de balance y distribución de poder el Medio Oriente.

Existe un movimiento nuevo fundamentalista islámico, que reclama enormes territorios árabes con miras a convertirlo en solo califato. Cruelmente y atrozmente ejecuta a centenares de cristianos y los entierra vivos en fosas comunes, y han declarado llevar de nuevo la guerra al suelo norteamericano, como lo hizo Al-Qaeda ese 11 de septiembre del 2001. Decapita a periodistas norteamericanos e ingleses días antes de que se conmemore otro año más de las víctimas del 9/11.

Producto de su actuar terrorista y antioccidental, la aviación norteamericana está de nuevo bombardeando posiciones en Irak y han declarado de paso que atacarán por aire a ISIS, que también luchan contra el gobierno de Bashar Al- Assad en Siria.

¿Permitirá Assad que ingresen los aviones norteamericanos a su espacio aéreo para atacar a quienes los norteamericanos han venido financiando para derrocarlo?

¿Lo permitirá Siria, aun cuando Arabia Saudita (aliada de los EE.UU. en su política regional) ha declarado recientemente que entrenará y seguirá oficialmente financiando a todos los grupos fundamentalistas que luchan a lo interno del país contra Assad?

Al igual que contra el Irak de Sadam Hussein, los EE.UU. están formando una coalición internacional contra ISIS. Igual lo hicieron contra Al-Qaeda en su momento y los resultados los conocemos. ¿No será que los resultados que el mundo espera no son los mismos que la planificación estratégica de un siglo a la norteamericana demanda?

 

 

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