Augusto Zamora R.*
  •   Managua, Nicaragua  |
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Reciclar es recuperar envases o materiales desechados para volver a utilizarlos. Dos razones básicas sustentan esta práctica: reducir los niveles de contaminación y reutilizar los materiales, a costos más baratos que si se hicieran nuevos.

Los países desarrollados han hecho del reciclaje una política en constante crecimiento. Reciclar vidrios, plásticos, papel y desechos orgánicos constituyen metas ciudadanas.

Los beneficios son tales que es tema fuera de discusión. Las ciudades están llenas de recipientes recolectores, con colores distintos para facilitar la identificación de cada uno.

Amarillo para plásticos. Verde para vidrios. Azul para papeles y cartones. Gris para residuos orgánicos. Rojo para desechos peligrosos, como baterías, jeringas, aceites…

Países como Nicaragua –importadores de casi todo– deberían tener políticas nacionales y municipales de reciclaje que, además de mejorar los niveles de salud y medio ambiente, generen ingresos a las siempre fatigadas arcas del gobierno.

Vemos por calles y basureros a personas humildes recogiendo, sin medidas mínimas de higiene y protección, plásticos y vidrios. A camionetas destartaladas, chatarras y hierro.

De nuestros campos salen cantidades asombrosas de biomasa, que nadie aprovecha. La biomasa se usa para producir energía o abonos orgánicos. Aquí se pierde casi toda.

Es imposible ver, en estas geografías, contenedores de reciclaje. En los camiones de basura todo va mezclado, a vertederos habitados por pobres y zopilotes.

La inversión es pequeña; los beneficios, enormes. Pero sucede lo mismo que en otros ámbitos. Somos incapaces de aprovechar lo que tenemos.

 

az.sinveniracuento@gmail.com

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