Bayardo Altamirano
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Hace unos días se inauguró en Río de Janeiro el Encuentro Internacional de Rectores Universia, organizado por la Fundación del mismo nombre, que depende de Banca Santander, un poderoso grupo financiero de España.

El presidente de la trasnacional, al inaugurar el foro habló de Iberoamérica como región joven con talento y con enorme potencial, que vive momentos cruciales para asentar un modelo de desarrollo social y económico sostenible.

Al encuentro asistieron más de mil rectores de universidades de América Latina y del mundo, pero no llegó la invitada principal, Dilma Rousseff, ni funcionario alguno de su gabinete. Al día siguiente se explicó el desaire.

Por los medios, Rousseff se dirigió al presidente de Banca Santander y le reclamó su injerencia en el proceso electoral brasileño. No perdonó sus rústicas explicaciones. Banca Santander de Brasil había distribuido un análisis en el que vaticinaba un desastre económico total si los brasileños reelegían a la presidenta. El banco apuesta por la derrota de Dilma.

Rousseff declaró que es inadmisible para cualquier país aceptar interferencias de este tipo. Dejó entrever la posibilidad de abrir contra Banca Santander un proceso legal por violación al marco electoral. Resaltó que este poderoso grupo financiero europeo ejerce un evidente liderazgo universitario, convocando a cientos de instituciones latinoamericanas y del mundo.

No es resultado de un especial carisma de Universia, sino una labor que desde hace años viene desarrollando la Fundación entre las instituciones, ofreciendo becas, equipo de computación, financiando investigaciones, movilidad de estudiantes y la firma de convenios benéficos para las casas de estudio.

El liderazgo tiene una vertiente financiera, pero inevitablemente política. Manifiesta su interés en controlar procesos, instituciones, y como el caso de Brasil, hasta el futuro de los países. Pero, además, por las preferencias electorales exhibidas por Banca Santander, son claras sus concepciones ultraconservadoras, y viendo su actuación en España, incluso monárquicas.

Es parte del marco implícito de la discusión sobre el rumbo de la educación superior latinoamericana. Hablar de desarrollo sostenible parece una frase inocua, pero gracias al episodio brasileño sabemos que detrás está una agresiva definición política que busca orientar a las naciones controlando la educación. Santander-Universia en un factor opuesto al desarrollo de democracias nacionales y de propuestas universitarias independientes, alejadas de políticas agresivamente neoliberales y conservadoras.

Al liderazgo económico y político de grupos económicos se suma la manipulación educativa. Evidentemente, en el encuentro los rectores no podrán hablar con plena libertad o generar pronunciamientos de avanzada, al estar colocados en el circuito de los grupos financieros. Los pronunciamientos libres corren el riesgo de convertirse en declaraciones perfectamente huecas.

Mientras en México grupos progresistas están defendiendo modelos universitarios latinoamericanos que demandan la ampliación de la matrícula, la gratuidad, eliminación de exámenes de selección, la democracia interna, la flexibilidad académica, y, sobre todo, verdadera autonomía. Todo lo que no se dice en los encuentros Santanderinos. Las universidades no pueden ser botín de nadie, son espacios para servir al pueblo.