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El presidente Barack Obama anunció que enviará a 3,000 soldados estadounidenses al África para ayudar en la lucha contra el ébola. Este virus ha causado ya más de 2,400 muertos en Guinea, Sierra Leona, Liberia, Senegal, Nigeria.

También ha anunciadola formación de una coalición militar de cuarenta países para enfrentar al Estado Islámico. Para esta acción únicamente intervendrán la logística, inteligencia, radares y aviones norteamericanos. Pero ya hay 1,300 asesores militares en Iraq.

Enviar tropas al África para fines humanitarios es una buena noticia que pasó inadvertida (¡o no causó el impacto debido!); gracias a que, paralelamente, se anunciaba otra noticia: la estrategia militar para “degradar y destruir al Estado Islámico” en territorio iraquí.

Y si no causó revuelo, es porque, aunque involucre a soldados norteamericanos, no implicaría conflictos armados. Y, tristemente, África es vista de menos por los medios internacionales.

Sin dudas, esta acción del presidente Obama habla muy bien de él.

Suponemos que los contingentes que irán al África están conformados por personal médico, enfermeros y trabajadores sanitarios.

Y yendo más allá de lo que pueda significar la acción, Washington le está diciendo al mundo que sabe hacer bien las cosas, cuando se trata de ayudar.

¿O el interés de Obama es únicamente congraciarse con ese continente injustamente tratado?

El argumento de la Casa Blanca es que el asunto del ébola es un tema de seguridad nacional. Y es válido.

Aunque en el pasado EU cometió ya un par de errores en su política con África: 1) 19 soldados norteamericanos resultaron muertos en la batalla de Mogadiscio, Somalia (1993), que combatían a los barones de la guerra; y, 2) cuando se dio el genocidio en Ruanda (1994), donde la mayoría Hutu asesinó a unos 800,000 Tutsi. La masacre fue dantesca. Washington no hizo nada. Solo lo lamentó, y permaneció impávido ante esa tragedia sangrienta de irrespeto a la vida humana.

¡Ese episodio ha sido comparado al holocausto judío!

¿Ypor qué Rusia, tan orgullosa de su gigantesco ejército, no envía a sus hombres para ayudar a los africanos? ¿Por qué Vladimir Putin no manda a sus conciudadanos a lidiar con una epidemia mortal para tantos seres desvalidos y pobres?

China ya tiene un hospital en África para ese propósito, con 174 médicos y enfermeros.

El punto es que toda acción haga el bien. Pero, ¿toda acción debe implicar necesariamente el recurso militar? Obama está demostrando que también puede arriesgar vidas de soldados norteamericanos comprometidos en ayudar y en salvar a otros que luchan contra una epidemia devastadora.

Es cierto que para ello no es necesaria una coalición. Acá el asunto es muy humanitario.

Esto sí está poniendo en mejor posición a Estados Unidos, ya confrontado por conflictos armados en Iraq y Afganistán. (¡Y verán que pronto estará más involucrado, nuevamente, en Siria!)

Paradójicamente, si entra a Siria, será con el consentimiento de Bashar Al-Assad. Y hace unos meses, el propio Vladimir Putin persuadió a Obama para que no bombardeara a las fuerzas fieles al mandatario sirio y aliado de Moscú.

¿En menos de un año este escenario cambió su óptica moral? El punto es que sí le harán un favor a Al-Assad, al que hace poco, Washington calificara de “exterminador de su propio pueblo”.

¡Estos son los enrosques y movidas del arte amoral de la política!

La otra parte de la paradoja es que los aviones norteamericanos atacarían a soldados del Estado Islámico, ya apoderados de gran parte de territorio sirio e iraquí. El Estado Islámico, además de ser el debutante enemigo de Washington en el siglo XXI, ya posee un Califato establecido (una estructura político-social que muchos radicales apoyan, pero que ningún estado árabe reconoce abiertamente).

Está claro que aunque las dos acciones de Obama son paralelas y de seguridad, una es muy humanitaria y la otra sí es toda militar.

Pero siempre es deplorable que se recurra más a acciones de fuerza que de diplomacia. Obvio: el Estado Islámico no tira caramelos y es enemigo declarado de Israel y de todo Occidente.

Aunque lo que no es totalmente válido es que cada vez que haya un problema internacional, Estados Unidos —disponiendo de tantos recursos humanos valiosos y capaces— solo confíe sus misiones a militares.

Un contraargumento a esto sería que solo los ejércitos disponen del equipo y la logística mejor y más rápida para desplazarse e instalarse en cualquier parte del planeta.

Pero, ¿no sería ya el momento de idear otras formas de ayuda que no involucren el envío de uniformados armados?