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Cada día más diversos investigadores dan a conocer nuevas estrategias para que la persona logre desarrollar, de una forma más efectiva, su capacidad mental. Y esto, porque se sabe que los humanos desarrollamos, apenas, un 5% de nuestra capacidad.

Con mucha razón se constata que el desarrollo humano depende, en gran medida, del desarrollo de la capacidad de pensar de las personas. Pero tal capacidad, no solo es para aprender (cognitiva) sino también para pensar sobre lo que se aprende (metacognición). Si lo primero suele utilizarse con frecuencia, lo segundo se utiliza muy poco, requiriendo activar una estrategia superior de aprendizaje.

Los currículos de educación básica y media del país ponen de relieve la importancia de desarrollar el pensamiento abstracto y lógico, reservándolo por lo general a la disciplina de Matemática, aunque se debe incentivar en todas las disciplinas. Tales intenciones curriculares se diluyen y pierden en el camino al centro educativo, dándose por sabido que los(as) maestros(as) saben aplicarlo.

Mientras en las aulas solo se insista en memorizar y recitar, sin discutir, debatir, argumentar, criticar y proponer, la capacidad de pensar quedará reducida a su mínima expresión, lo que empobrecerá más al país.

Desarrollar un pensamiento autónomo, debe asentarse como objetivo central de la educación familiar y escolar, con los niveles de gradualidad necesarios. En tanto estas educaciones se basen en imponer patrones de conducta de obediencia ciega, se estará generando una conducta dependiente, la que por comodidad, temor o pereza, omitirá la reflexión y la adopción de un criterio propio.

Superar este estado de cosas sugiere replantear los currículos, fundamentándolos mucho más en el desarrollo de la macrocompetencia mental, y preparando a los docentes para que logren gestionar el conocimiento que enseñan desde esta misma perspectiva.

El pensamiento autónomo de niños, niñas y jóvenes es la antesala del pensamiento crítico. Para su desarrollo pleno, es importante que la persona comience a comprender la perspectiva de los otros, a fin de generar un sentido holístico de racionalidad, pensando sobre el pensamiento; integrando disposiciones, valores y consecuencias, y no solo una serie de habilidades técnicas.

Cualquier definición del pensamiento crítico suele asociarse a la racionalidad. Se caracteriza por manejar y dominar las ideas; no tanto se trata de generar nuevas ideas, como de revisarlas, evaluarlas y repasar qué es lo que se entiende, se procesa y se comunica mediante los diversos tipos de pensamiento (verbal, matemático, lógico, etc.).

La persona crítica es capaz de pensar por sí misma, está formada en habilidades y en disposiciones de conocimientos relevantes y competencias metacognitivas. Es capaz de desarrollar habilidades más generales, tales como: el conocimiento, la inferencia, la evaluación, la metacognición.

El conocimiento auténtico lo genera la persona a partir de lo que piensa; por la inferencia establece conexiones entre dos o más unidades de conocimiento o hechos que no parecieran estar relacionados. Por la evaluación desarrolla habilidades para analizar, juzgar, sopesar y emitir juicios de valor. Por la actividad metacognitiva, o pensamiento sobre el pensamiento, logra percatarse de las capacidades y limitaciones que posee en sus procesos de pensamiento.

Algunas estrategias pedagógicas que facilitan al docente desarrollarlo son, entre otras: centrarse en las preguntas y analizar los argumentos, formular preguntas de clarificación y responderlas, juzgar la credibilidad de las fuentes; observar y juzgar los informes o percepciones que se desprenden de la observación de fenómenos; deducir y juzgar las deducciones y llegar a analizar las inducciones que se realizan, emitiendo juicios de valor; definir bien términos, juzgar definiciones e identificar los supuestos presentes; decidir una acción a seguir e interactuar con los demás; integrar disposiciones y desarrollar habilidades para realizar y defender una decisión; proceder de manera ordenada en las ideas en cada situación; desarrollar sensibilidad por los sentimientos, conocer más y mejor a los otros.

Desde esta perspectiva, gradualmente niños(as) y jóvenes aprenden a ser capaces de utilizar modelos de pensamiento dialógico, por cuanto saben eliminar los puntos de vista únicos, contrarrestar prejuicios e irracionalidad. Los(as) estudiantes aprenden a asumir otros roles razonando puntos de vista contrarios sobre las disciplinas y entre disciplinas de estudio.

Para que la nación sea sostenible y democrática, requiere basarse en el desarrollo del pensamiento de las personas. Es en este pensamiento autónomo y crítico que se asienta el futuro de cada uno(a) y del país.

 

 

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