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La mañana del 11 de septiembre de 1973, una verdadera tormenta de fuego cayó sobre el Palacio de La Moneda, residencia presidencial de Chile, donde se encontraba Salvador Allende Gossens, el primer presidente socialista de América electo democráticamente según las reglas de la democracia representativa.

El primer 9-11 los militares chilenos ahogaron en sangre la experiencia socialista del Gobierno de la Unidad Popular encabezado por Allende, resultando en su muerte y la de miles de chilenos.

El golpe de Estado significó una experiencia inédita y un oscuro preludio de lo que hasta hoy seguiría haciendo Estados Unidos en el resto de América Latina: derrocar gobiernos que no eran del agrado de Washington, sin importar que estos fueran electos legítimamente en procesos democráticos abiertos.

¿Cuál era el delito de Allende para provocar una reacción tan visceral de parte de la potencia más grande de la tierra? Según el Senado estadounidense, el objetivo de Allende era: "redistribuir el ingreso (en una nación donde un dos por ciento del pueblo recibía el 46 por ciento del ingreso) y reformar la economía chilena, empezando por la nacionalización de las más importantes industrias, sobre todo en el rubro del cobre; una amplia reforma agraria; y mejores relaciones con los países socialistas y comunistas”.

Frente a la inminente victoria de Allende, en 1970, pisoteando la voluntad democrática del pueblo chileno, Henry Kissinger, entonces secretario de Estado, declaró: "No veo por qué tenemos que quedarnos acá y ver cómo un país se torna comunista por culpa de la irresponsabilidad de su propio pueblo”.

La desestabilización de la CIA y la oligarquía chilena comenzó inmediatamente de que Allende ganara las elecciones. Promovieron y mantuvieron el desabastecimiento. Cerraron empresas, trasladando sus capitales a bancos en el exterior. Agentes mercenarios volaban instalaciones con explosivos, agredían a militantes de la Unidad Popular.

Los sectores opulentos protestaban contra el "desabastecimiento" provocado por ellos mismos, golpeando cacerolas nuevecitas, adquiridas para la ocasión. A todo esto le acompañaba una despiadada y brutal campaña mediática de desprestigio, falsedades y calumnias contra el Gobierno de la Unidad Popular que encabezaba Allende.

Pese a la propaganda opositora, encabezada por el diario El Mercurio, los más humildes se sentían parte integral del proceso democrático socialista y así lo manifestaban en gigantescas manifestaciones en apoyo a Allende.

Estados Unidos logró hacer "gemir" la economía imponiendo un embargo al principal rubro de exportación, el cobre. El desabastecimiento se extendió por todo el país, exacerbado por una huelga de camioneros, quienes boicoteaban la economía mientras recibían su salario financiado por la CIA.

Ante los rumores del golpe, los trabajadores salieron a las calles a exigir al Gobierno medidas para defender las conquistas de la clase obrera. El pueblo pidió se crearan las milicias populares, para defender al Gobierno de la Unidad Popular, en una manifestación de un millón de personas frente a La Moneda, pero el Ejército alegaba que tal cosa no estaba contemplada en la Constitución.

Los centros juveniles surgían por doquier, se promovían campañas de limpieza y ornato, el deporte y la recreación se multiplicaban, ganándole la lucha a la apatía y la desesperanza. Se imprimieron millones de libros en edición de bolsillo a bajo costo, pudiendo los trabajadores leer a los clásicos universales.

Había retornado la esperanza, pese al bloqueo de Estados Unidos luego de la nacionalización del cobre en 1971. Se profundizó la Reforma Agraria y los campesinos pobres recibieron tierras para trabajarlas. Este experimento democrático fue aplastado sangrientamente por el golpe de Estado contra Allende, con un cruel e inmisericorde bombardeo al Palacio de La Moneda, en lo que se conoce como el primer 9-11.

 

 

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