Augusto Zamora R.*
  •   Managua, Nicaragua  |
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  • EFE

No ha aparecido una indígena americana en el planeta rojo. Tampoco ninguna ciudadana hindú. Una sonda espacial hecha en India alcanzó con éxito el planeta Marte.

Es la primera nave espacial de un país surgido de la descolonización posterior a la II Guerra Mundial que lo logra. Prueba del desarrollo científico-técnico de un país que hace apenas setenta años era una mísera, desgarrada colonia británica.

Hay otro dato más admirable: el costo de la nave. La sonda bautizada Mangalyaan (“nave de Marte”, en lengua sánscrita, idioma indoeuropeo hermano del latín y origen del hindi, lengua mayoritaria de India), costó 74 millones de dólares. La película ‘Gravity’ superó los 100 millones de dólares.

India ha demostrado que no se requieren inversiones multimillonarias para alcanzar un notable desarrollo científico-técnico. Que lo que hace falta es voluntad, organización, planes de estudio e inversiones bien dirigidas.

India tuvo una independencia sangrienta, agravada por tres guerras con Paquistán y conflictos religiosos de envergadura. En el camino quedaron millones de víctimas, migraciones de millones y una sociedad dividida en castas arcaicas, pero potentes.

Es uno de los países con mayores desigualdades del mundo. No obstante, ha hecho esfuerzos colosales para modernizar el país, darle cohesión e industrializarlo.

Hindúes son decenas de medicinas vendidas a los países pobres a precios sorprendentes. Genéricos que han sido fundamentales en la batalla contra el sida o la tuberculosis.

La sonda Mangalyaan llegó a Marte. ¿Cuándo una sonda latinoamericana?

 

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