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El 1 de septiembre se publicó en un diario nacional un artículo del señor Humberto Belli Pereira, ex ministro de Educación, en el que aborda algunos problemas educativos y en particular el déficit de técnicos. El propósito de estas líneas es ahondar un poco en el tema y proponer algunas soluciones.

Humberto Belli señala problemas de carácter cultural y estructural. Los hay, pero si los sectores involucrados quisieran solventar las deficiencias de la educación, habría soluciones a mediano plazo. Respecto al factor cultural: no todo niño que ingresa a la escuela tiene necesariamente que bachillerarse e ingresar a la universidad solo porque eso es lo más chic o lo único posible en este país. Sé que esta propuesta podría parecer discriminatoria.

No lo es. Las universidades son financiadas por los contribuyentes --no por el gobierno como a menudo se propaga y se piensa-- por tanto nuestro interés común debería ser que esos fondos se inviertan de forma efectiva y justa. Visto así, lo justo y efectivo es que sea el rendimiento individual la base para elegir a los futuros técnicos y egresados universitarios.

Mi propuesta es la diversificación de la secundaria, tomando los rendimientos individuales de la primaria como parámetro para la subsiguiente ramificación. El sistema es sencillo: se fija cierto promedio mínimo general --digamos el 85% en una escala de 0 a 100--. Los niños con un promedio de 85% o más pasan a colegios donde obtendrían su título de bachiller, que a la vez sería su pase a la universidad.

Los otros entrarían a completar el ciclo básico, su garantía de ingreso a la educación técnica. Si se toma el rendimiento individual como base del desarrollo profesional, todos tendrían las mismas oportunidades. Así se asegura la formación de técnicos que, según un reciente estudio de la Universidad de Oxford, el país necesita con urgencia y se garantiza el egreso de profesionales universitarios necesarios, competentes y competitivos que no terminen siendo comerciantes, cajeros o conductores de buses o taxis. Esta solución presupone, claro, la creación de un sistema de educación técnica amplio, integral e integrativo y sobre todo de alto nivel.

Veamos la problemática estructural: la Constitución ordena que el 6% se invierta en educación superior. Esos fondos serían mejor utilizados si: 1) Se cerraran las universidades “de garaje” que han proliferado en los últimos años, 2) Se dejara de ver la educación superior como negocio y 3) se invirtiera una parte en educación técnica. La Constitución se ha reformado para fines menos dignos y beneficiosos. ¿Por qué no una reforma educativa? La renuencia a redistribuir los fondos en pro de mejorar la educación secundaria y técnica, es más de carácter financiero. Mejor educación secundaria significaría menos “clientes” para quienes hacen negocio a costa de los bachilleres que no aprueban el examen de admisión en las universidades públicas.

La falta de técnicos es también problema de los empresarios y deberían ser parte de la solución. Las empresas tienen que dar su aporte logístico, organizativo y financiero. Estas ideas no son nuevas. Se implementan en países con altos niveles educativos, tecnológicos y de vida. En Alemania, según el Instituto Federal para la Educación Profesional, el 57% de los egresados de la secundaria optan por carreras técnicas.

Además, la ley obliga a muchas empresas a contribuir a la educación técnica mediante aportes financieros o erigiendo sus propios centros de formación profesional. Y en algunos países escandinavos menos del 40% de los egresados de la secundaria realizan un estudio universitario. ¿Por qué? Porque no es necesario. Los técnicos son bien pagados y tienen a menudo mejores oportunidades que muchos egresados universitarios que se encuentran desempleados por estar “sobre-cualificados”. ¿Por qué entonces desperdiciar en un país subdesarrollado como el nuestro tantos recursos humanos y materiales? Vayan estas reflexiones en pro de acelerar un proceso de cambio tan necesario para nuestro sistema educativo.

ampiecarlos@hotmail.com