•   Managua, Nicaragua  |
  •  |
  •  |
  • elnuevodiario.com.ni

Estamos de nuevo cerca de un cataclismo de impredecibles consecuencias con el bombardeo de aviones estadounidenses y aliados al Estado Islámico (EI). Nada nos dice que esto no desembocará en una guerra mayor.

Una resolución del Consejo de Seguridad de la ONU condenando el terrorismo del EI ha alineado a las potencias bajo una misma bandera. Incluso Irán ahora parece compartir ciertas posturas con sus adversarias potencias occidentales.

Así, ¿todos los escenarios políticos son veleidosas posibilidades carentes de moralidad y coherencia? Al anunciar el presidente Obama que en estos ataques participan casi 50 naciones —y entre ellas, naciones árabes— ¿hay algún consuelo político para los musulmanes?

Cada vez que se inicia una guerra donde participa Occidente, se corren riesgos superlativos. Sin dudas, los intolerantes cabecillas del EI han cometido innumerables crímenes contra musulmanes, cristianos, rehenes occidentales, utilizando crucifixión, mutilación, apedreamiento y la decapitación pública.

Esto debe detenerse. Pero sopesando los costos.

Para algunos líderes espirituales egipcios —que vi por CNN—, los insurgentes del EI no han interpretado bien los preceptos que enseña la doctrina musulmana.

Desde la perspectiva religiosa: ¡los descendientes de Abraham, el caldeo, se matan como si fueran enemigos!

Verdaderamente, los seguidores del EI no parecen comprender las consecuencias de la guerra. Y la decisión estadounidense de atacarlos, aunque legítima, por resolución del Consejo de Seguridad, no la hace moral, ni impide que haya más violencia o más personas inocentes que sufran. Tampoco evitará posteriores actos de terrorismo. Más bien atizará el odio y el resentimiento de muchos musulmanes contra Occidente.

Por otro lado, los ataques suceden en una zona geográfica de alta peligrosidad. Es igual a lanzar un cerillo encendido en un polvorín.

Es muy cierto que nos hemos acostumbrado a los conflictos. Y parece que cada vez más, a las guerras. Pero no deberíamos aceptar jamás que las guerras solucionen algo, mucho menos en el Oriente Medio.

Si la guerra es el peor de los recursos y el que menos beneficios trae, esto se convierte en enseñanza bruta para ser la lección que aprendan los radicales. Podrá ser un recurso contundente, pero es costoso, destructivo, inmoral; porque daña y degrada también al que lo utiliza.

¿O por qué debemos asumir que las guerras en defensa propia, aunque parezcan válidas, no aumentarán el riesgo de la aniquilación de la humanidad?

Estoy seguro de que las bombas usadas por los Estados Unidos y sus aliados serán mortales, aterradoras; pero no garantizan que no habrá víctimas civiles. Los daños colaterales siempre son imprevisibles.

Israel acaba de demostrar que, aunque sus ataques contra Hamás en Gaza fueran en defensa propia, estos causaron tantas muertes, heridos, refugiados y daños a cientos de civiles palestinos, que la estrategia militar judía perdió mucha legitimidad por los efectos vergonzosos y dantescos de las armas.

Sin dudas, los seguidores de Hamás no tienen ropaje moral. Y, a pesar de los ataques del ejército israelí, los terroristas no fueron aniquilados; tampoco sus acciones hostiles y provocadoras cesarán.

Nada valió la pena si los estragos en Gaza fueron ocasionados a civiles. Israel terminará pagando por la destrucción causada. Tampoco, ninguna guerra limitada puede prever los daños.

¿Estamos entrando al tiempo de los generales que silencian la razón y entierran la esperanza?

Una vez más, si ha fallado el recurso político y el diplomático, ¿por qué necesariamente tiene que seguir la guerra, como si fuera un apotegma fatalista?

¿Cómo sabremos cuándo llegará la última guerra que nos sorprenda saliéndose de las manos, si ya no nos sorprende ver alianzas inmorales de los que atacan?

Una teoría afirma que las guerras son connaturales al hombre. Pero ¿no podremos llegar nunca a un tiempo de paz, asumiendo que la humanidad es cada día más inteligente y puede superar cualquier escollo, gracias a los avances tecnológicos y científicos? ¿O los avances deben ser en la dirección interior al hombre?

Me pregunto si las acciones del EI son producto de la no separación del Estado y la religión; y si es posible gobernar en el nombre de Dios.

Es evidente que las guerras son inhumanas propuestas económicas, militares y políticas para magnificar el ego político.

Lo anterior me hace pensar que la diplomacia tiene recursos limitados e impedimentos para conducirnos a la paz. Pero creo que la maldad puede ser sometida con astucia y creatividad.

Es obvio que el realismo es más fuerte; el idealismo solamente más moral.

O por un ominoso decreto, en la política y la guerra, ¿no cabe la inteligencia del idealismo?