Jorge Eduardo Arellano
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Desde tiempos inmemoriales, la mitología griega le ha adjudicado a Dioniso, el Baco, hijo de Zeus y de Sémele, ser el causante de la invención del vino y sus derivados. Se cuenta que siendo un joven maduro, recorrió la Grecia clásica con el propósito de que los hombres conocieran la existencia de la vid y la bendición del vino y sus bondades. Así, de un modo o de otro, recibimos la herencia de las celebraciones o bacanales en honor de las buenas cosechas, pues se le consideraba el dios de la agricultura y del teatro. Y entre vino y teatro, existe cierta relación muy cercana, puesto que la persona embriagada siempre tiene visos de actuación y representación teatral.

La primera información sobre el vino la encontramos en el Antiguo Testamento, relacionada con Noé, cuando plantó diversos viñedos en su arca y produjo la primera bebedera de la historia universal. Hay que recordar que el vino se produce en forma natural, puesto que es el jugo de la fruta fermentado. El vino como bebida ha sido parte de una sociedad, que bien o mal, ebria o sobria, ha determinado su rumbo histórico, con sus celebraciones. Muchos de los acontecimientos más importantes de la historia de la humanidad han sido celebrados con suficiente vino y sus derivados.

Ahora bien, en nuestros días, los seguidores de Dioniso abundan en las calles y las ciudades de nuestro país. Ya es casi normal observar a personajes embriagados y fuera de sí a cualquier hora del día. Y lo más triste de esto es que los jóvenes se están iniciando en el consumo del alcohol a una edad prematura, muchas veces, desde los diez y doce años. Peor aún, saber que las niñas no se quedan atrás de los varones en esta pesadilla. A esto hay que agregarle que algunos irresponsables dueños de bares, restaurantes y cantinas venden bebidas alcohólicas a menores de edad.

Conocí a un par de amigos que se reunían para ver por la televisión los juegos de béisbol o alguna pelea de nuestros boxeadores. Lo interesante es que empezaban viendo el juego o la pelea, pero al día siguiente, siempre preguntaban quién había ganado o perdido el juego. Ciertamente, los tragos los dormían una o dos horas después de haber comenzado.

Mi amigo Gilberto Navarrete, cuando deseaba echarse un trago y no tenía dinero, se sentaba en la acera de su casa con una botella vacía y varios vasos. Al rato, cuenta, como por arte de magia, aparecían todos los seguidores de Baco, como abejas buscando la miel, pidiendo un trago y hablando barrabasadas. Bueno, les decía, echémosle la vaca y compremos una botella…
Arístides Parrales, quien amaneció un domingo en la cantina de doña Gertrudis Palma, deseando un trago para contrarrestar la goma o las ganas de seguir bebiendo, tuvo un éxtasis de alucinación y un alegrón de burro cuando vio a uno de sus amigos. De pronto, apareció en la cantina uno de sus compinches y pidió dos botellas servidas, con hielo y bocas de pájaro. La cantinera las vació en dos vasos grandes de café presto y las puso en el mostrador, casi como un botín frente al atracador. El hombre, viendo el estado lamentable en que se hallaba Arístides Parrales, lo llamó y le dijo: ¡Uno es tuyo! ¡Echate ese cachimbazo ya! Arístides un tanto retrechero, rezongando como si no le gustara, le contestó: ¡Ese trago es muy grande! ¡Dámelo más pequeño!... El hombre tomó el primer vaso y se lo tragó todo… Tomó el segundo, se lo embrocó y luego se fue sin decir adiós. Arístides se lamentó de no haberlo probado siquiera. ¡Está bueno que me pase por baboso!, se repetía.

Y cuento lo anterior porque es interesante conocer las diversas modalidades o nombres o sinónimos que la gente le atribuye al hecho de echarse un trago o tirarse unas bichas o birrias, como dicen popularmente. El trago tiene nombres hasta para escoger y tirar para arriba. Veamos algunos: vergazo, cachimbazo, guaspirolazo, tapi, quema garganta, turcazo, buluchada, coyolazo, chupada, mecatazo, moler caña, piponazo, riendazo, paso en falso, pencazo, tequilazo, taconazo, trancazo, pijazo, mameyazo, gluglú, etc. Como pueden observar, los sinónimos predominantes de trago son aquellos a los que se agrega el sufijo azo, cuyo significado tiene valor aumentativo o de exageración. Por ejemplo, tranca, trancazo; mamey, mameyazo; coyol, coyolazo, rienda, riendazo, cachimba, cachimbazo, etc.

Sin embargo, existe una palabra que en los últimos años ha tomado fuerza en la designación de echarse un trago, beber, emborracharse, meterse al cañal, andar en el Ingenio San Antonio o ayudar a la causa de los Pellas. Me refiero al vocablo piquinyuqui, que no es más que el mismo cachimbazo, taconazo, pencazo o guaspirolazo, etc. Tal palabra, usada por los seguidores de Baco y por algunos noticieros radiales, con cierta sorna o burla, ha tenido mucho auge entre la población juvenil y adulta. En un noticiero al mediodía, se hablaba del infortunado que cayó en la calle y le robaron sus pertenencias, porque estaba con sus piquinyuquis adentro. También, el que fue herido de gravedad por andar con sus piquinyuquis entre pecho y espalda. O del otro que cometió delito de abusos deshonesto por andar con sus piquinyuquis.

La palabra piquinyuqui, vocablo compuesto que resulta musical y sonoro al oído, casi como un juego de palabras cercano al trabalenguas, tiene un origen desconocido o al menos nadie da una razón precisa de su nacimiento. A pesar de eso, creo que está relacionado con el pico de la botella al momento de echarse el trago de ese modo. Y podemos analizarla de la siguiente manera: pico, piquito, piquin y yo, yuqui. Es decir, yo quiero un trago a pico de botella. O sea, yo quiero un piquinyuqui, un trago, un cachimbazo, un riendazo, etc. Puede decirse que el piquin es igual a pico y el yuqui es igual a yo, según puede deducirse de la palabra.

Bueno es reconocer que ninguna persona en estado de ebriedad actuará correctamente en sus labores o actividades. Digo esto porque el trago o la bebida se asocia mucho al arte y a las ciencias. No es cierto que Rubén escribió Azul… con un trago en la mano. Tampoco es cierto que José de la Cruz Mena haya creado Ruinas con un vaso de ron con hielo y limón. Nunca creeré que Rodrigo Peñalba, nuestro gran pintor, haya pintado una Esquina de Diriamba con cervezas en la mano.

Ojalá, pues, usted se cuide de los piquinyuquis que se ofrecen en las celebraciones sociales y familiares por las buenas cosechas y quizás se olvide de que se trata del mismo cachimbazo. Y si lo hace, el límite de las cosas es una buena medida.

Telica
pedroalfonso_13@yahoo.es