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Todas las encuestas de los últimos años, ya sea de M&R, Borge y Asociados o CID Gallup, ofrecen resultados favorables al Gobierno y a la pareja presidencial, y al mismo tiempo, algunos datos que pueden resultar contradictorios con esas preferencias o adhesiones, por ejemplo, un alto porcentaje de nicaragüenses que, de poder, se irían del país, o de muchos descontentos por el alto desempleo o la carestía de la vida.

Este tipo de aparentes contradicciones ha dado lugar a suposiciones alrededor de lo que realmente piensa la población, y si se lo oculta a los enumeradores, a esas muchachas y muchachos que con una tabla y un clampque sostienen las boletas, se presentan en los domicilios, generalmente los fines de semana, a preguntar la opinión de la gente.

El escritor, poeta y dramaturgo Oscar Wilde, el dublinés autor de ‘El retrato de Dorian Gray’, su única novela, dice en una de sus obras: “El hombre es lo menos posible él mismo cuando habla en persona: dele usted un antifaz, y dirá la verdad”. Ateniéndonos al autor de la obra maestra ‘La importancia de llamarse Ernesto’, habría que proveer a los encuestados de algo que les proteja su identidad al momento de ser consultados.

Pero no es nada sencillo, porque en realidad las personas a las que se requiere su punto de vista sobre los diversos temas de los que se ocupan las firmas encuestadoras, no tienen que dar su nombre, por lo tanto no podría quedar anotado en la boleta, tampoco su dirección, pero hay inquietudes en el encuestado alrededor de su seguridad, que podría empujarlo a “moderar” sus respuestas. Estas inquietudes responden a creencias profundas que han calado en el imaginario popular a lo largo de los años, y con base en hechos negativos ocurridos a ellas mismas, a familiares, amigos, conocidos o extraños.

¿Cómo hacer sentir segura a una persona que internamente se mueve en un mar de contradicciones, que se ve forzada a “manejarse” porque sus instintos le dicen que tal o cual palabra o frase o modo de pensar podrían ser “criticables” o “perjudiciales” para ella? Está difícil poder ponerle un antifaz a la gente para que diga la verdad, a tono con lo que afirma Wilde, porque ello requiere modificar el contexto, el ambiente, la temperatura, y todo el clima social prevaleciente.

Este es un tema del que se están ocupando los especialistas en estudios de mercado y sondeos de opinión pública, analistas, estadísticos, medios de comunicación, sociólogos y psicólogos, empresarios y otros, porque todos ellos están interesados en recolectar entre la opinión pública lo que en realidad ella piensa, y muchos ya creen que no están logrando eso, sino una simulación.

Que se sospeche que no se está obteniendo lo que es, digámosle, la verdad, resulta inconveniente, pues los estudios de mercado y sondeos de opinión pretenden contribuir a orientarse y a disminuir el umbral de incertidumbre para tomar decisiones que tengan mayores posibilidades de ser correctas.

Mientras no se modifique lo que origina los miedos de muchas personas, las firmas encuestadoras no tendrán más remedio que ingeniárselas para ir “descubriendo” en el camino modos más efectivos de preguntar, y claves que permitan que los consultados se sientan seguros y puedan abrir resquicios por donde se filtre la verdad o lo que más se aproxime a ella.

 

cortesdominguezguillermo@gmail.com