•   Managua, Nicaragua  |
  •  |
  •  |
  • elnuevodiario.com.ni

El pasado 30 de mayo, tal vez el día más meritorio del año, fuimos a celebrar con el personal de nuestra empresa, mi esposa y un par de amigos. Llegamos al restaurante oriental preferido, el cual hemos visitado ya desde hace unos tres años, que había venido dando un excelente servicio en los atributos que buscábamos. Previendo el lógico abarrotamiento, llegamos a las doce en punto, no obstante, algunos ya se nos habían anticipado.

Notamos que ahora había meseros que no nos eran familiares, y uno de ellos desde el primer momento nos atendió en forma descuidada; al entregarnos la carta pareció como que estaba repartiendo una mano de naipes. Luego de la obligada reflexión del plato a ordenar, al instante afirmaba molesto: “Ese para hoy está muy tardado; tendría que esperar más de una hora”. Al haber dicho consecutivamente tres veces la misma frase, le pregunté que cuáles eran entonces los que sí podían elaborar; mencionando siempre de mal modo que solo los “cajoneros”, porque estaban demasiado ocupados.

Nos resultó agria la situación, no obstante, ya estábamos allí y cualquier otro lugar podía estar igualmente lleno, por lo que decidimos quedarnos. Ver la escena de los meseros atendiendo al público de una manera tan descortés, frente a los ojos de los mismos propietarios del sitio, era verdaderamente singular, pero útil también, pues evidenciaba el fenómeno que acontece en diversos sitios, que mientras logran crearse una imagen, aunque inicialmente esté basada en atributos reales de un producto o servicio, al final se vienen a pique en forma irremediable, ya que sus propietarios son incapaces de percibir el enorme daño que puede hacer un solo empleado que no tenga una verdadera vocación de servir al cliente.

Usted no puede tener un negocio y contratar a alguien solamente porque este llega a buscar un trabajo. Gravísimo error. Debe verificar si la persona cuenta con esa inclinación notoria para realizar esa delicada misión de agradar al cliente en todo momento; esa disposición de servir es un talento escaso que en nuestro país gravemente no se considera necesario, sino solamente que la persona esté disponible o resuelta a ganar un salario determinado. Esa es una de las equivocaciones más graves que puede tener un(a) propietario(a) de negocio.

El cliente sabe que cualquier falla de servicio no es un hecho aislado o casual, sino una responsabilidad directa de sus dueños y del proceso de formación minimalista o inexistente de sus colaboradores. El nivel de servicio que el personal brinda al cliente es exactamente la medida de respeto y estimación con que los propietarios le han enseñado y modelado para hacerlo. No volveremos jamás por allí.

 

www.noalosaccidentes.wordpress.com