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La salud emocional es un tema olvidado y obviado con harta frecuencia en nuestra historia educativa. No obstante, la realidad muestra que el tema requiere especial atención, por la trascendencia que tiene, tanto en la salud de cada quien como en el bienestar de las relaciones humanas en la interacción social necesaria e imprescindible.

La ecología educacional muestra ser cada día más importante para el avance de la educación. Desde el nicho ecológico de la familia, el equilibrio emocional y, lo que es más, la inteligencia emocional, debieran dar el primer paso en su desarrollo. Lamentablemente, los problemas familiares, en gran medida, devienen de cierto analfabetismo emocional. Los desequilibrios de la pareja, con frecuencia, modelizan ante los hijos e hijas, comportamientos inadecuados, cuyas consecuencias echan raíces en ellos, hasta el punto de condicionar e incluso determinar sus comportamientos futuros nada saludables.

Es la familia por excelencia, el punto focal en el que se hace posible que niños, niñas y adolescentes puedan madurar gradualmente en su salud emocional. Si bien los padres de familia suelen esmerarse en el cuido de la salud corporal, pocas veces logran calibrar la incidencia que pueden tener en el futuro de sus hijos e hijas, las contradicciones de pareja traducidas en diversas formas de violencia física o psicológica. Este modelaje negativo de actitudes traerá consecuencias inevitables para hijos e hijas, muy difíciles de enderezar, en la salud de su inteligencia emocional.

La inteligencia y salud emocional en el ámbito laboral de trabajadores y dirigentes en instituciones y empresas, se constituye en el mejor activo de cualquier proceso laboral. Cuando las emociones no son bien gestionadas, acaban envenenando el clima psicosocial de empresas o instituciones, deformando las relaciones humanas, e influyendo en gran medida en los resultados de su trabajo, debilitando la concreción de su visión, misión y objetivos.

Los procesos educativos formales y no formales se constituyen en la mejor oportunidad para dar continuidad y perfeccionamiento a esta educación familiar. El currículum formal y su puesta en escena en los centros educativos, constituye el instrumento fundamental para que se logre dar este proceso. Tal intencionalidad, sin embargo, suele ser frecuentemente obviada, lo que explica buena parte de la problemática que viven numerosos centros educativos.

El principal desafío de la ecología institucional de los centros educativos es, precisamente, el logro de un clima psicosocial saludable, propicio al desarrollo y modelización de comportamientos y actitudes que se constituyan en el currículum implícito u oculto positivo.

En la práctica, el currículum implícito negativo compite y neutraliza las intenciones que suele expresar el currículum prescrito o explícito. Así, mientras en el mejor de los casos el currículum con sus competencias y contenidos programáticos orienta cómo debe darse el proceso de enseñanza-aprendizaje y cuáles han de ser sus contenidos, el currículum oculto desmiente tales intenciones en tanto los modelos de comportamientos negativos por parte de directores y maestros se constituyen en el nicho ecológico insaluble, productor de antivalores y contraejemplos, dando vida a un clima psicosocial insostenible y enfermizo, y que tanto influirá en el estudiantado e incluso en padres y madres de familia.

Por otra parte, el currículum prescrito ha de constituirse en el mejor instrumento orientador de los educadores y educadoras, para desarrollar en el estudiantado la inteligencia emocional. En tanto esta logre forjarse, el estudiantado aprenderá a gestionar y controlar sus emociones y comportamientos en el centro educativo, preparándose para enfrentar en la vida momentos claves, en los que este control emocional requerirá ser activado. Pero cuanto en el currículum se encuentra ausente este aspecto, por estar saturado y enfocado únicamente al desarrollo de competencias cognitivas, los jóvenes concluyen su formación sin haber desarrollado la inteligencia emocional, evidenciando su analfabetismo emocional en su desempeño familiar, laboral y social.

Mejorar la salud de nuestra educación, no solo pasa por mejorar la calidad de aprendizajes cognitivos, sino que, y sobre todo, por desarrollar entornos educativos empapados de un clima psicosocial y emocional positivo y ejemplarizante.

Además de fortalecer el currículum prescrito con competencias cognitivas de más calidad, es necesario incorporar en él competencias dirigidas a desarrollar la inteligencia emocional.

Pero, si bien el currículum formal requiere ser fortalecido con este componente, no es menos importante tomar conciencia de que tal fortalecimiento se desvanecerá, si perdurara en el centro educativo un currículum oculto negativo. Las investigaciones realizadas al respecto evidencian que, lo que más influye e impacta en las vidas y el futuro de los educandos, no son tanto los conocimientos que han adquirido, como los modelos positivos o negativos que han recibido del currículum implícito a lo largo de su educación.