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Creo, desde hace varios años, que Óscar-René Vargas (Managua, 1946) es el más profundo, brillante e independiente científico social y analista político de Nicaragua. Es decir, un pensador crítico de nuestra debilidad contemporánea y de nuestra historia. Y que no prescinde nunca del contexto internacional y de la ubicación del país en el mismo.

Todo ello lo ha demostrado en numerosas obras personales (34 suman hasta hoy) y en otras 20, donde figura como co-autor. Enumerarlas no es necesario. Basta indicar algunos de sus contenidos: crisis de la dictadura somociana, elecciones de 1990, balance y perspectiva tras la derrota electoral, gobernabilidad democrática y reconversión militar, partidos políticos y búsqueda de un nuevo modelo, impacto de las políticas educativas del Banco Mundial, lucha sindical y conciencia de clase, evolución del movimiento obrero, desafíos de la sociedad civil (pobreza, corrupción y desarrollo), costo del Ajuste, consecuencias del Mitch, objetivos y metas del Milenio, transición de los comandantes a los banqueros, preservación de los recursos naturales, geopolítica en el siglo XXI, guerra contra Irak, cambio climático, estancamiento económico global y cultura política nicaragüense.

Un aporte singular en este sentido fue su obra “El síndrome de Pedrarias” (1999). En ella, Óscar-René puntualiza la herencia pedrarista: el autoritarismo, el desprecio a la ley, el nepotismo, la mentira como instrumento político, la utilización del Estado para enriquecer a unos pocos, la plutocracia, el sectarismo y el poder de la Iglesia. También refiere las principales manifestaciones democráticas de una cultura política: el voto popular como vía de acceso al poder, el pluralismo político, la negociación para resolver conflictos, la equidad en las relaciones sociales y de género, la visión de nación por encima de intereses particulares. A su vez señala las manifestaciones antidemocráticas que hemos padecido: confrontaciones, intolerancia, exclusiones, baja capacidad de negociación, caudillismo, cacicazgo, cortoplacismo y centralismo.

Otros aportes de Óscar-René –relevantes y reveladores– corresponden a los tomos I, II y III de su “Historia del siglo XX / Nicaragua”, aparecidos en 2001. Pero ya se habían anticipado, respectivamente, en “La revolución que inició el progreso / Nicaragua: 1893-1909” (1990), en “La Intervención norteamericana y sus consecuencias / Nicaragua: 1910-1925” (1989) y en “Sandino: Floreció al filo de la espada / Nicaragua: 1926-1939” (1995). Los tres, sustentados en una pasmosa información bibliográfica y documental, confirman la inagotable capacidad interpretativa del autor.

Integral, el tercer tomo es un acabado estudio académico que ha de perdurar como fuente de consulta imprescindible. Roberto Argüello Hurtado lo comentó en su momento: “Este libro es una amalgama de análisis histórico, visión de un pueblo en armas, desmitificación a ultranza y hechos políticos. Además, contiene una proyección de los acontecimientos hacia el futuro.

Ese ha sido una de las orientaciones permanentes de Óscar-René: prever el futuro. Así lo ha ejecutado en centenares de artículos y, por ejemplo, en sus tres obras sobre los tratados de Libre Comercio. En uno de ellos, “Después del Cafta, ¿qué?” (2007), destaca el impacto económico, social y político que implica su implementación. A raíz de su firma, el autor afirmó: “los gobiernos centroamericanos no realizaron ninguna clase de consulta para suscribir en TLC con los Estados Unidos, siendo que este Tratado afecta gravemente los recursos naturales, la biodiversidad, el agua y en general la tierra y el territorio de la región”.

La independencia, reitero, caracteriza el pensamiento de Óscar-René Vargas. Tanto que no está sometido a coerción mental alguna, excepto a la de su formación de sociólogo y economista en Suiza y México. Organismos nacionales e internacionales propician sus consultorías e investigaciones. Incluso fundó su propio Centro de estudios de la realidad nacional (Cerén).

Por último, cabe informar que los temas de su más reciente obra, “Nicaragua cambia, todo cambia” (2014) son, entre otros, la ofensiva que del gobierno se ha desencadenado contra el nivel de la vida de las clases populares, la enorme desigualdad existente en el país y la fijación de un salario mínimo adecuado como elemento indispensable para combatir la pobreza. Una vez más, Óscar-René analiza las dinámicas económica, social y política de los últimos años. Para tal fin, delimita las dos fuerzas que controlan Nicaragua: el “sandinismo gubernamental” y “la derecha política”: ya no hay enemigos excluyentes (como en los años 80), sino rivales políticos-ideológicos que conviven y compiten por el control del Estado capitalista. ¿Ok?