Jorge Eduardo Arellano
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En estas elecciones municipales recientes hemos cosechado lo que sembramos. Tanto los liberales de Alemán como el FSLN hicieron trampa desde el principio, despojaron al MRS y al PC de la posibilidad de correr, y estructuraron un plan electoral para que se las robase el FSLN. Nunca olvidaremos que fue el representante legal de la Alianza PLC-Vamos con Eduardo, Wilfredo Navarro, quien solicitó que se eliminase al PC y MRS de la contienda electoral, ni que la mitad de los magistrados del CSE (quienes articularon el plan fraudulento con el FSLN) son uña y mugre con Alemán.

Ya sabíamos los nicaragüenses que los protagonistas de este triste episodio de nuestra historia hicieron estas elecciones fraudulentas e ilegítimas desde su inicio. Los ilusos que se unieron y corrieron y apoyaron la casilla uno de Alemán lo hicieron a sabiendas que éste es el principal aliado de Ortega. Jugaron con los dados cargados: sin miembros en los Consejos Municipales y Departamentales, manipulación de las cédulas, con fiscales a medias, sin observadores, etc., y no hubo oposición beligerante en ese momento crucial cuando se hacía el montaje del fraude.

Hubo varias crónicas que anunciaron este robo y nadie actuó oportunamente. Ahora que Ortega y su FSLN terminan de asaltar descaradamente las elecciones (tal y como estaba previsto y denunciado por muchos), las supuestas víctimas brincan y patalean. ¿Por qué no se opusieron al inicio cuando sus dirigentes del pacto despojaban a miles de ciudadanos del PC y MRS de sus derechos? Seguramente no les convenía a sus intereses, ni les pertenecía esa población que no era de sus partidos políticos y se hicieron de la vista gorda. No les importó, cuando ése había sido un momento clave para cerrar fila en favor de la democracia.

Era de esperarse que uno de los dos socios del fraude le acabase robando al otro. Está en su naturaleza. Y así sucedió. El FSLN le termina “quitando” votos al PLC de Alemán sin mayor protesta de este último. Ladrón que roba a ladrón tiene cien años de perdón, dice el refrán. Entre ellos se entenderán. El delito está consumado y legalizado. Todo el aparato institucional y los mismos magistrados PLC de Alemán avalan la fechoría, aunque este último trate de aparentar lo contrario lanzando una “cortina de humo” con una iniciativa de ley para anular todas las elecciones municipales. Cortina de humo por dos razones: 1) La Ley Electoral es de rango Constitucional y ésta señala que en materia electoral el CSE tiene la última palabra, no la tiene el Parlamento; y 2) De todos modos, el PLC no suma los votos necesarios para aprobar esta ley. Se necesitan 47 y el PLC apenas llega a 40.

Es fundamental que nos apeguemos a la ley si queremos gobernabilidad. Las municipales son 146 elecciones independientes y simultáneas. Una en cada municipio. No sería correcto anularlas donde no hubo irregularidades. Lo correcto hubiera sido analizar cada acta con lupa en los treinta municipios donde sí hubo irregularidades (según Ética y Transparencia), y hacer las correcciones correspondientes con la presencia de observadores idóneos e imparciales; y si el vicio o las anomalías fueran de consideración, que se anulasen las elecciones dentro del marco de la ley, y se llevasen a cabo el próximo año con las elecciones de la Región Atlántica. Mas lo correcto es imposible hacer con un CSE parcializado hacia Ortega. Una parte del Arto. 168 de la Ley Electoral dice: “La declaración de nulidad se tomará siempre que se comprobare la existencia de los vicios informados o reclamados y se verifique que los votos anulados corresponden a más del cincuenta por ciento de los electores fijados en los Padrones o Catálogos Electorales para la elección que se proponga su anulación”.

Lo que sí queda ampliamente demostrado al final de este proceso es que todos los liberales unidos (PLC, PLI, VCE), bajo la dirección de Alemán, no le ganan al FSLN mientras magistrados y diputados liberales continúen al servicio de los intereses de Ortega.

De esta experiencia debemos aprender que ni el “sandinismo” de Ortega ni el “liberalismo” de Alemán representan la solución para Nicaragua. Ambos son dictadores en sus respectivos partidos, nunca han sido ni han practicado la democracia, no la conocen; por ende, no pueden proveerle a Nicaragua la ansiada democracia. No pueden suministrar algo que no poseen en su naturaleza. Ambos caudillos están desacreditados. Ambos son corruptos y corrompen lo sano que queda en el país. Ambos hacen trampas contra el pueblo. Ambos se alían entre sí para robar, robarse entre ellos mismos, protegerse mutuamente y repartirse el poder entre ellos a cualquier costo.

Alemán ya expresó su voluntad de llegar a un acuerdo con Ortega sobre las reformas constitucionales que aseguran sus respectivas permanencias en el poder. No obstante, no será tan descarado ni obvio en esta alta traición al pueblo demócrata. La mayoría calificada de 56 votos que requiere Ortega para aprobar esta reforma en la Asamblea Nacional será fácil de lograr con menos de la mitad de la bancada del PLC. Alemán bien pudiera montar “el drama” para engañar nuevamente a la población de que unos cuantos diputados (debidamente “cañoneados”) se le “salieron de su control”. Esperemos a ver cómo lo hace.

Montealegre, despojado de su partido y su Alcaldía, si pretende formar parte de un liderazgo efectivo para salvar a Nicaragua del desastre, tendrá que enfrentar directamente a Alemán y su pacto con Ortega. No es únicamente Ortega, sino también Alemán el adversario en la lucha por la democracia en Nicaragua.

El pueblo se encuentra hastiado de tanta corrupción, dictadura, violaciones a los derechos humanos, pobreza y enfrentamientos armados. En Nicaragua debemos conformar una nueva fuerza política que nos conduzca hacia la institucionalización de una verdadera democracia, para ser parte del mundo civilizado. Erradiquemos la creencia de apoyar al “menos malo”, y desarrollemos la consciencia de unirnos para crear la Nicaragua que todos queremos.

A finales de los años ochenta los nicas conformamos una Unión Nacional Opositora para derrotar a la dictadura sandinista. Lamentablemente, después del triunfo, la ambición de Alemán en la Alcaldía de Managua desmoronó la unidad. Ahora debemos conformar una nueva alianza de fuerzas integrada por diferentes organizaciones políticas y sociales para derrotar a la dictadura del pacto Alemán-Ortega y facilitar el establecimiento de un proceso que fortalezca las libertades y la democracia.

Sería magnífico que esta nueva fuerza política sea liderada por un conjunto unido por una visión y un programa de nación bien articulado de lo que queremos para Nicaragua, y nunca más alrededor de personalismos o “caudillos” desquiciados por poder y riquezas. Sería estupendo que las iglesias y los empresarios organizados se integren de lleno a constituir este Programa de Nación y actúen con beligerancia para apoyar este imperioso esfuerzo.