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En estos días resulta fácil encontrarse a muchos amigos y colegas, que aseguran, que los EE.UU no tienen planes y no están haciendo nada en el plano regional. Que sus preocupaciones principales están en otras regiones y en temas como Ucrania, Siria, el Estado Islámico y el terrorismo.

No cabe duda, que hay por lo menos una capacidad y atención analítica en lo situacional de la coyuntura internacional. Pero al desconocer los alcances de la estrategia global de los Estados Unidos no solo desconocen su nivel de planeación estratégica global, sino también su capacidad global de enfrentamiento político, económico y militar con potencias de todo tipo y tamaño y ya ni se diga, con países de menor fortaleza.

Lo anterior no significa que desvalide a David y me incline por Goliat, muy al contrario, es preferible buscar al fantasma en pleno mediodía y no esperar a que caiga la noche. Además, ¿Quién puede esperar idealismo de los realistas? ¿Quién puede imaginarse mejores tiempos en esta etapa de reconfiguración del sistema internacional?

El caso de Brasil tras los resultados porcentuales (casi un 42% por parte del Partido de los Trabajadores) electorales recién pasados, develan un panorama gris, para el proceso de unidad latinoamericana.

La difícil reelección a definirse en la segunda vuelta en los próximos días de Dilma Rousseff, deja entrever una serie de aspectos sombríos sobre el desarrollo de las fuerzas políticas a lo interno de Brasil y en el plano latinoamericano.

Desde luego que hay que medir los resultados desde la incidencia de aquellas fuerzas centrífugas y aquellas estrategias y políticas aplicadas por el PT desde Lula.

Aunque el tema no es tratar de encontrar causas, por qué no obtuvo la victoria en la primera vuelta. Se trata de vislumbrar y definir un escenario de un Brasil sin el PT en el poder a la luz de las diversas iniciativas regionales y de bloques en las que Brasil como potencia regional y emergente puede tener y aportar a las fuerzas emancipadoras y procuradoras de la segunda independencia continental.

Poco a poco se han consolidado en el plano regional los enormes esfuerzos del ALBA, UNASUR, CELAC y en el plano global los ya famosos BRICS. De tal manera, que el cambio del poder político en Brasil sin duda alguna generará enormes retos y dificultades a estas iniciativas de corte estratégico estructural en el sistema internacional y el orden que se persigue. Ya ni se diga el revés socio – económico para los millones de brasileños pobres, que con tres administraciones del PT no terminan de mejorar su situación.

Con lo anterior, los EE.UU tienen una enorme posibilidad de consolidar su poderío interno y de facilitarle a los planes de hegemonía regional norteamericana, golpear los sueños independentistas del continente e inclusive hacer carambola con las intenciones globales de China y Rusia en función de crear un pilar adicional financiero global en la cara de los BRICS. ¿Será simple paranoia o una realidad inminente? En los juegos geoestratégicos lo que importan son los resultados.