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Evo Morales fue reelecto. Y piensa estar en el poder hasta el 2020. Nada nuevo para América Latina, que ha entrado en una onda reeleccionista.

Paradójicamente, el reeleccionismo es más practicado en países que proclaman, con sonoras y orgullosas voces, los nuevos pregones del socialismo del siglo XXI.

¿De por sí, no demuestra este recurrir a los mecanismos democráticos que ya hay errores inadvertidos en el mantra socialista, vendiéndose como un modelo que desea erradicar la corrupción capitalista establecida?

Los más inescrupulosos dirán que “nos están comprando la soga con la cual nos llevarán al cadalso”.

Si recordamos un poco el credo de los intérpretes de la historia, auspiciado por Hegel, se sostenía que “toda materia conlleva en sí el germen de su propia autodestrucción”.

Pero, en este asunto, los socialistas latinoamericanos están sacándole provecho al sistema adversario.

Y más bien están usando lo que una vez pensaron destruir. ¡Y, por lo visto, les va bien! Todo parece indicar que la dirección correcta era retomar las buenas prácticas de la democracia, que resultaron más útiles y aceptables universalmente (¡muy pocos cuestionan el método electoral!), y es menos costoso en términos de desgaste social.

Otro punto interesante es que cuando los regímenes de derecha se reelegían, era malo. Y se argumentaba que permanecer en el poder más de un término era construir dictaduras. Pero ahora los nuevos cabecillas de la izquierda latinoamericana, sin pontífices europeos, ni encíclicas escritas en ruso o alemán, están confirmando dos cosas: 1) que la reelección resulta ser más útil y fructífera que la revolución violenta, sabiendo que si se controla el poder legislativo, se hacen todos los cambios que se quieran a la Constitución Política; 2) en la democracia liberal, los neomarxistas han encontrado herramientas que nunca antes se las pudieron proveer o explicar anteriores intelectuales revolucionarios.

¿El error estaba en que todo se enfocaba en buscar la forma de destruir y nunca en la manera de aprovechar los recursos del adversario?

¿Es la democracia tan noble —o voluble y débil" que sirve con igual bondad a todos, aun para la reelección, sin importar el interés de sus detractores que únicamente buscan eternizarse?

Y ellos manejan "¿o manipulan?— la Constitución, que antes era llamada “las reglas del juego impuestas por el imperialismo yanqui”. Y hablan de democracia, que antes era el sistema más oprobioso y que debía ser sustituido por la dictadura del proletariado.

Hoy el presidente Morales piensa convertir a Bolivia en una potencia energética, pues “el petróleo y el gas bolivianos ya no pertenecen a los capitalistas explotadores, sino al pueblo boliviano”.

Lo sorprendente es que hace algunos meses los obreros del petróleo hicieron huelga. El gobierno les respondió diciéndoles que las huelgas eran una herramienta solamente contra el capitalismo.

Pero don Evo ganó con el 61% de los votos. Y su más cercano seguidor, el empresario Samuel Doria Medrano, solo obtuvo el 25%.

Sin embargo, la victoria más importante del presidente Morales no yace en su popularidad, sino en su movida previa: poner a sus leales a cuidar las urnas del milagroso Órgano Electoral Plurinacional.

¡Ya no gana el que obtiene más votos, sino el que cuida con más egoísmo las urnas! ¿Vamos de la democracia a la urno-cracia?

Con este triunfo, don Evo obtuvo 2/3 de las curules legislativas.

Así, el presidente Morales lo controla todo: Ejecutivo, Legislativo y Electoral. La Corte Suprema de Justicia, previamente, había dicho que él podía reelegirse.

¿Gobernar así es democrático o autoritario? ¿Se manipula al pueblo ajustando la Constitución Política, no para que haya juego limpio, sino para quedarse con el poder y no tener intenciones de devolverlo nunca?

Acá el principio democrático del balance plural del gobierno fue desechado. Es decir, se ve la democracia como menú.

Pregunto: ¿El partido del presidente boliviano, el Movimiento al Socialismo (MAS), habría tenido tan buenas posibilidades de alcanzar el poder siguiendo el camino de la revolución?

La lección estratégica aprendida es que no es inteligente pasar desdeñando las herramientas del adversario. Sino más bien, usar esas mismas para obtener mayores ventajas y provecho.

Para los seguidores de las bondades de la democracia, ¿sería juicioso pensar más en que no sea instrumento para uso de autoritarios y totalitarios; o que impida la reelección, sin importar la voluntad "manipulada" de las mayorías?

Si el siglo XX fue de conflictos entre democracia liberal e ideologías autoritarias, esta vez parece haber una sustracción grosera de los unos, de las herramientas generosas de los otros.