Jorge Eduardo Arellano
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No pueden negarlo. Desde el Rey, la Reina, su Cardenal particular y hasta sus vasallos, usan para sus intereses políticos un lenguaje propio de la Fe Católica e instrumentalizan también sus imágenes, como las de la Virgen. Como ciudades y carreteras, las creen suyas. Por ello reaccionan tan violentamente contra la segunda, oportuna y valiente carta pastoral de los obispos, pretendiendo descalificar su convocatoria a una procesión del Santísimo, como que ésta escondiera el pretexto de una marcha de la derecha a favor de Eduardo Montealegre. Señal es de que ya perdieron la batalla moral. Que los fariseos y falsos profetas llamen hipócritas a los obispos de la Conferencia Episcopal es una prueba más de su decadencia. Se podrán robar unas elecciones municipales, pero no se robarán las opciones morales del pueblo.


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Dionisio Marenco lo llamó “el Ángel del Apocalipsis”. Casi todo el mundo sabe quién es: Quien predijo, plagiando las palabras de Jesús, que si su dios quisiera no dejaría en Nicaragua piedra sobre piedra. Mateo, uno de los apóstoles que relataron estos hechos que anunciaban el fin de Jerusalén y del mundo, viendo a los vándalos del partido danielista arrojando piedras contra “los odiados por causa de su nombre”, cita a Jesús para responderle: “-¿No veis todo esto? Pues os doy mi palabra de que no se dejará así piedra sobre piedra que no sea destruida”. Sobre este mismo falso profeta del danielismo y las rotondas rezadoras, dice: “Mirad que no os engañe nadie… porque aparecerán falsos cristos y falsos profetas, y harán grandes prodigios y maravillas, como para engañar, si fuera posible, hasta a los elegidos. Mirad que os he avisado… El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán.”


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Un funcionario del fraude, arrogándose potestades tan divinas como las de su dios (el otro), dijo que los obispos católicos de la Conferencia Episcopal estaban en pecado mortal por haber suscrito, como auténticos pastores, la primera Carta Pastoral, denunciando el fraude, después ratificada por la segunda. Me sentí, junto con los obispos, condenado al infierno por sus dueños pero dichoso de ir en tan buena compañía, y comprendí que aquellos que no quieren el reino del verdadero Dios en la tierra, están construyendo el suyo propio en nuestra patria: Un verdadero infierno en el que quien no adora al becerro de oro está, según ellos, “en pecado mortal”.


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Me preocupaba, como sandinista, ser encasillado por el régimen como “oligarca” o “culito rosado” por el hecho de adversar el caudillismo y el nepotismo dinástico que esta tiranía representa. Entonces hubo algo que me quitó esta camisa de fuerza: Recordé que Daniel Ortega estudió en un colegio para “oligarcas”, el Instituto Pedagógico de Managua. El mismo colegio en donde estudiaron los Somoza. ¿Coincidencias de un mismo destino?

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Arnoldo Alemán, ¡pobre San Juan Bautista!, también estudió en el mismo colegio de los inocentes Hermanos Cristianos de La Salle. ¿Se incubaría ahí el pacto de estos caudillos oligarcas?

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Así que de “culitos rosados” mejor ni que hablen los Consejos del Poder Ciudadano, pues se encontrarán con los de los de arriba. Con decirles, además de lo anterior, que la primera dama y reina estudió en colegios europeos a cuenta del caudal de su padre, a la sazón dueño único de “El Trapiche”. De ahí su afición al color rosado o chicha, de donde se deriva lo que ustedes saben.


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Axiomas: Un rey que roba, da licencia a sus vasallos para que hagan lo mismo. Si el terrorismo de estado con sus vasallos se toma ciudades y dicen que lo hacen, como lo dijeron, para proteger la propiedad privada, la Policía sale sobrando. Lo mismo se deduce si impiden la libre circulación y requisan vehículos. El caos promovido por el autoritarismo, ha anulado a la autoridad.


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En estas elecciones municipales no ganó el fraude; sencillamente se desenmascaró y salió a las calles a vitorear al Caudillo, su mentor. Al fin y al cabo vivimos en un fraude permanente. No nos dejemos robar nuestras conciencias.


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Nota de duelo: Impotencia, indignación y tristeza. Siento que el alma de los verdaderos nicaragüenses está “triste hasta la muerte”. Las cartas pastorales de la Conferencia Episcopal han sido reconfortantes y oportunas, aunque parezcan indefensas ante la premeditación, alevosía y ventaja conque actúan quienes violan nuestros derechos ciudadanos. El mensaje de Daniel Ortega a la nación es despiadado. Es como si hubiera dicho: A partir de ahora se confirma que las elecciones y cualquier otra consulta popular han vuelto a dejar de ser una opción cívica.


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Sin embargo, no hay que temerle al miedo del terror, porque hacer uso del terror para someter a los pueblos es propio de tiranos aterrorizados ante la posibilidad de que se interrumpan sus ambiciones de perpetuidad. No nos equivoquemos, el tirano tiene miedo y su furia lo demuestra.


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El tirano no es de izquierda. Es, como dice Onofre Guevara: “Un tumor en el cuerpo de la izquierda”. El tirano no es católico, por mucho que tenga Inmaculadas Concepciones en las rotondas de su consorte rezando contra los obispos. Curiosamente esas imágenes sí son aceptadas en la extraña liturgia de algunos pastores evangélicos que le rinden culto al otro dios. Nadie es eterno. En una cita memorable, Mundo Jarquín recién lo acaba de recordar: “La represión sólo retrasa la caída del tirano, pero favorece la inevitabilidad del día”.