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Cual náufragos en un inmenso océano, a merced de encontrar un pedazo de tierra donde esperar quien pueda rescatarlos, así podría describirse, sin exageración alguna, a los miles de ciudadanos que logran ingresar a la llamada tercera edad, también llamados adultos mayores. Alcanzar esa edad en países desarrollados es un aliciente, que permite planificar desde inicios de cada año los sitios de paseo y distracción que puedan visitar en el ocaso de sus vidas.

El envejecimiento poblacional toma importancia y prioridad para los llamados países en vías de desarrollo. Cabe considerar que los países latinoamericanos están envejeciendo en forma acelerada, en un escenario de pobreza e inequidad. Algunos factores como cambio demográfico acelerado, pobreza y desigualdad de género, economía, han determinado las fallas en las políticas públicas de atención a la población que envejece.

La vinculación interdisciplinaria entre los numerosos profesionales interesados en la atención del envejecimiento que viven en países latinoamericanos es, por lo general, una acción que implica grandes dificultades, debido en gran parte al escaso apoyo económico y confianza de los Gobiernos, al fallido impacto de la educación en el tema y a la frustración favorecida por las incertidumbres políticas y económicas que prevalecen en nuestros países.

El envejecimiento poblacional es un hecho indiscutible, que representa un reto y al mismo tiempo un triunfo de las políticas de salud en casi todo el mundo. Los países desarrollados tomaron conciencia de que la mayor parte de la población eran adultos mayores al finalizar la Segunda Guerra Mundial. Aun así, a estos países les llevó décadas enfrentarlo. En nuestro continente hay países cuyo envejecimiento es similar, como Argentina, Cuba, Chile y Uruguay, mientras que en el lado opuesto se encuentran Haití, Bolivia y quizás Nicaragua.

A su vez, por el número cada vez mayor de población latinoamericana, la cantidad de adultos mayores pronto será mayor, relativamente, que la de los países desarrollados, siendo más preocupante al no contar con las condiciones de infraestructura física, económica y humana para atenderlos. La sociedad contemporánea se enfrenta a un fenómeno de carácter histórico único.

Por primera vez en la historia humana, el volumen y la proporción de adultos mayores alcanzan tal nivel que están convirtiéndose en un tema de preocupación. El tema del envejecimiento sobrepasa el interés puramente demográfico, implicando además el económico, el político, el psicológico y la situación de la población en general. De acuerdo con la ONU (1991), las personas de 60 o más años superan a las de menos de 15 años. En América Latina se puede esperar que esto ocurra para el 2040.

La industrialización, urbanización y modernización social, junto con los avances en salud pública y los descubrimientos científicos y tecnológicos que reducen la incidencia de enfermedades fatales, así como las mejoras en las condiciones de vida han hecho posible un notable incremento de la esperanza de vida en las ciudades y países. De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud, esta variable difiere de manera notable con el grado de desarrollo económico de cada país: de 75 años para los más desarrollados a 49 para los habitantes del África Subsahariana; de 82 años para las mujeres canadienses, francesas, españolas y suizas, a 36 años entre las de Sierra Leona.

En lo referido a esperanza de vida al nacer, América Latina está encima de la media mundial, alcanzando los 70 años, con una oscilación entre 79 años para las mujeres de Costa Rica y de 60 años para los hombres de Bolivia.

Un nuevo indicador empleado es el de Esperanza de Vida Saludable, es decir, los años que pueda vivir una persona con una salud aceptable, sin discapacidades ni patologías graves y, sobre todo, con sus necesidades básicas satisfechas.

Aterrizando a nuestra realidad, en mayo de 2010 fue aprobada por la Asamblea Nacional la Ley del Adulto Mayor, Ley 720, entre cuyos principales elementos a destacar se encuentran los indicadores de igualdad, accesibilidad, equidad, autonomía, autorrealización, solidaridad, dignidad, integridad y participación, en los ámbitos públicos y privados. Se mandata la creación del Consejo Nacional del Adulto Mayor, que coordina el Ministerio de la Familia e integran los ministerios de Salud y Educación, Seguridad Social, municipios y la sociedad organizada.

Su reglamentación se hizo efectiva y queda nada más esperar que se cumpla lo plasmado en ella.

Así las cosas, que sobre la marcha se acomoden las cargas. Saludos, estimados y estimadas ancianos y ancianas.