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Noam Chomsky, el lingüista más importante de nuestro tiempo y prominente crítico de la política exterior de EE.UU., fue entrevistado hace poco por el experto en política internacional C.J. Polychroniou. La entrevista versó sobre temas de actualidad internacional.

Refiriéndose al reciente mensaje de Obama en el cual anunció que los EE.UU. regresaban a Irak a combatir al Estado Islámico (EI), Polychroniou pregunta si esa nueva guerra es “el resultado inevitable de la agenda estratégica del caos”. Chomsky responde que la aparición del EI y la propagación del yihadismo radical son el resultado de “el martillo de hierro de Washington” agitándose sobre la frágil sociedad iraquí después de una década de sanciones. El filósofo cita al analista estadounidense Graham Fuller, quien ha dicho que los EE.UU. contribuyeron a la creación del EI.

No porque hayan planeado su aparición, sino porque sus intervenciones en Oriente Medio han causado su nacimiento, al encender conflictos sectarios en la región. El eminente lingüista expresa asimismo que el fanatismo religioso ha devenido en fuerza motriz de grupos radicales, a consecuencia de la política de EE.UU. y sus aliados que han apoyado el nacionalismo musulmán y aplastado el nacionalismo secular por considerarlo de mayor peligro para sus fines imperiales.

Al abordar el conflicto palestino-israelí, Chomsky asegura que no se puede esperar nada nuevo del recién acordado cese al fuego, sino más de lo mismo: la negativa de Israel a cumplir con los acuerdos, tal y como lo ha hecho históricamente. Fundamenta su juicio citando al artífice de algunos de esos acuerdos, Dov Weissglass, quien definió así el verdadero propósito de Israel: “el significado del plan es la congelación del proceso de paz. Y si se congela ese proceso, se evita el establecimiento de un Estado palestino (...). Efectivamente todo ese paquete llamado el Estado palestino (...) ha sido retirado de forma indefinida de nuestra agenda”.

Respecto a las metas de EE.UU. en la crisis de Ucrania, Chomsky opina que ese es sin duda el siguiente fruto maduro que Washington desea cortar del árbol de Europa oriental, antiguo dominio ruso, y considera que la preocupación del Kremlin respecto a la integración de Ucrania a la OTAN es justificada.

Rememorando el bombardeo atómico en Iroshima y Nagasaki, se le pregunta a Chomsky si cree que hay peligro de que las armas nucleares caigan en manos de grupos terroristas. Su respuesta es corta y tajante: “Las armas nucleares ya están en manos de grupos terroristas, de Estados terroristas, de los EE.UU. fundamentalmente”.

Respecto a la pregunta de Polychroniou: “¿Podrá la civilización sobrevivir al capitalismo real existente?”, Chomsky arguye, después de un exhaustivo análisis, que capitalismo real con toda la injusticia social y la destrucción del medioambiente que implica —por un lado— y una democracia cada vez más débil, por el otro, son radicalmente incompatibles. No cree que la civilización pueda sobrevivir bajo el actual sistema y ve en el capitalismo real una creación humana sujeta a transformaciones, e incluso a substitución.

Polychroniou y Chomsky admiten compartir un mutuo pesimismo respecto al futuro de nuestra especie. Sin embargo, el filósofo nos insta a aferrarnos a las esperanzas, pues si no, contribuiríamos a garantizar que pase lo peor. El lingüista reconoce que hay razón de expresar pesimismo, pero nos recuerda una frase de las Analectas de Confucio que —agrego yo— bien podría aplicarse al pensamiento y la actitud del propio Chomsky: “La persona ejemplar es aquella que prevalece intentando, aunque sepa que no hay esperanza”.

 

ampiecarlos@hotmail.com