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Los trágicos sucesos en el Barrio 18 de mayo, en Managua, colocan en primer plano la necesidad de revisar las acciones de la planificación territorial y previsión de riesgos naturales, realizadas por instituciones y las municipalidades.

Buscar causas y medidas necesarias para evitar estos accidentes, implica debatir sobre las pautas que han orientado el crecimiento urbano de Managua y su área metropolitana. Managua, ha experimentado el consumo incontrolado del suelo de valor agrícola, la deforestación de bosques en el sur del municipio; dos posibles causas del incremento de escorrentías en dirección al Lago. Sin embargo, es posible observar otros agravantes del riesgo: 1) Impermeabilización de grandes superficies, generada por la implantación de nuevas edificaciones, urbanizaciones y asentamiento humanos. 2) Falta de infraestructuras de urbanización, y consecuentemente, contaminación del manto freático y 3) La ocupación indebida de territorios sujetos a inundaciones y desplazamiento de tierras.

Pero, tampoco podemos dejar de citar los esfuerzos de regulación en materia de crecimiento urbano realizados por los distritos y municipios, a través de la Asociación Amusclan, en conjunto con la cooperación holandesa. La pregunta a realizar, entonces, es sobre la eficiencia de estos mismos esfuerzos. La posible respuesta tiene que buscar argumentos en las premisas de un enfoque integral del territorio, necesidad de un marco legal e institucional, decidida voluntad política de las municipalidades, concertación entre actores del territorio, alcanzada a través de un modelo de Territorio-Ciudad renovado.

Ante los sucesos del Barrio 18 de mayo, la respuesta inmediata podría ser un plan hidrológico, que tenga por objeto estudiar: el agua en el territorio, prever medidas para la sostenibilidad, delimitar zonas excluidas de la urbanización, definir ámbitos para drenajes, marcar zonas de riesgo, prever balsas de regulación y un sistema de cauces adecuado. Pero sobre todo, ha de estar coordinado con la Planificación Territorial y Urbanísticas.

La historia del planeamiento de Managua tiene sesenta años de tradición en el campo de la regulación y control urbano. Toda actualización del Planeamiento ha de sistematizar esta experiencia, que a continuación reseñamos: Plan Regulador de Managua – 1954, Revisión del Plan Regulador de Managua – 1968, Plano Regulador para la Reconstrucción y Desarrollo de Managua 1973, El Programa de Reconstrucción de Acción inmediata – 1975, El Plan Regulador para Managua – 1982, El Esquema de Desarrollo Urbano para Managua – 1987, El Plan Maestro para el Área Central de Managua – 1994, Planes Parciales para el Ordenamiento Urbano - 1998 y El Plan General de Desarrollo Municipal - 2002.

La pregunta coyuntural, radica en saber ¿Si los documentos de planeamiento vigentes aún aportan los criterios para la Ordenación Territorial requerida? Obviamente, el tiempo transcurrido desde la entrada en vigencia del último Plan Urbanístico (2002), muestra que estos documentos requerirían de actualización.

La urgencia de un planeamiento territorial y urbanístico para Managua está demostrada por la realidad y las dinámicas urbanas. La orientación del planeamiento urbano actual no es coherente con Plan Nacional de Desarrollo Humano 2012-2016. Opinión fundada en la observación de varias patologías urbano-territoriales: consumo desmedido del suelo productivo y natural, fragmentación territorial, colapso e incremento de la movilidad viaria, aumento de contaminación y gasto energético; un modelo urbano compuesto por bolsas urbanas inconexas con problemas de abastecimiento, depuración, evacuación de aguas, carencia de espacio público y de lugares apropiados para el encuentro ciudadano. Modelo urbano, que en la práctica de la construcción de la ciudad, parece peligrosamente hacerse extensible a los municipios del área metropolitana.

Decididamente, Managua debe apostar por tres principios básicos de planificación: crecimiento compacto, complejidad y cohesión social de sus tejidos urbano-residenciales.